lunes, 16 de febrero de 2015

Extraños y solos


Pilar Adón (Madrid, 1971) subraya en una entrevista de hace unos meses que, para ella, el libro es un compañero maravilloso que habla, escucha, aconseja, anima, relaja, se deja llevar, es paciente y está siempre disponible. Suscribo plenamente todos esos eslabones verbales que la escritora madrileña otorga al libro, pero añado uno que suele darse en determinadas obras y produce extrañamiento e incertidumbre, porque hay libros que también inquietan.

El mes más cruel (Impedimenta, 2010) es el segundo libro de relatos de esta narradora, poeta y traductora que se encuadra en esa tesitura de la ansiedad y de la turbación: catorce cuentos inquietantes donde, en la mayoría de ellos, sus protagonistas leen por distintas razones, todos se refugian en las páginas de algún libro, a modo de protección. Si no leyeran se volverían locos. Es la manera que tienen de huir del miedo, la única forma de salvarse del ahogo de sus existencias desesperadas. Dice Marta Sanz, en la introducción al libro, que el lector queda perplejo con la resolución de los relatos de Adón, con la duda de no saber exactamente qué ha sucedido en las historias leídas. Esas incertidumbres –añade– dejan resquicios para volver a pensar sobre lo leído. Lo cierto es que esta antología encierra misterios en los que hay que buscar su sentido rastreando detalles dejados entre líneas por sus protagonistas, muchachas que se pierden y jóvenes que se adentran en la espesura de un bosque o viven entre las paredes de cristal de una casa aislada. Lo fantástico se manifiesta. Cada relato de El mes más cruel finaliza con un poema, como sustituto de aquellas moralejas de la tradición propias del cuento. Da la impresión de que el lector asiste a la revelación de una intuición, a la contemplación de una estampa borrosa a la que se le invita a enfocar. Unos cuentos que parecen concebidos desde el interior de una habitación cerrada por la que se encienden luces que debemos descubrir detrás de sus puertas. Son historias que vienen con un ropaje que nos obliga a deshacerlo poco a poco, para adentrarnos en ese secreto tapado e ignoto. Pilar Adón despliega una prosa sutil y medida en toda su mecánica narrativa para hablarnos de cosas sin nombrarlas: de la muerte y la pérdida, del dolor y el destino inevitable.

Cada una de las historias referidas en esta antología es parcial y por eso resulta más interesante, porque no ha sido resuelta del todo, ni despojada de todo su misterio. Los cuentos de Adón proponen una mirada distante de la realidad, no todo lo que ocurre alrededor de la vida visible de sus personajes es visible, ni está presente, ni acaso se explique con la sola ayuda del sentido común.

Pilar Adón es una formidable narradora que escribe con escasos elementos, sin que el lector quede a oscuras; sus cuentos se adentran en las anomalías del comportamiento humano. Los personajes de El mes más cruel aparecen frágiles, inquietos e inevitablemente melancólicos: jóvenes arrastrados por su pasado traumático, gente apabullada, víctimas de sus miedos. Huyen inquietos, pero necesitados de ayuda, y al lector les sobrecoge porque no da con la clave de sus extraños comportamientos. En El fumigador no sabemos a qué obedece la deformidad del niño, solo conocemos que el chico vino al mundo “inacabado”, pero nos irrita cómo es eliminado. Hay otros episodios escabrosos y turbios como éste. En otro cuento, una acogedora anfitriona abandona a sus invitados y se oculta en un escondite, sobrevenida por un achaque extraño que arrastra sin ser desvelado al lector. En Clara, un relato esquivo de una joven que decide encerrarse en su habitación, donde no se aclara si escribe o lee a deshoras, se prolonga esa icertidumbre entre la realidad y lo imaginado.

El mes más cruel es una recopilación brillante de relatos, con mucho tono lírico y atmósfera hipnótica, con una voz narrativa cercana e íntima, absorbida en lo que está contando. Da igual que el cuento esté narrado en primera persona o en tercera, a Pilar Adón lo que le interesa es la virtud de esa voz modulada y su capacidad de provocar el ensueño en el lector, sin tener que recurrir a finales redentores.

En suma, El mes más cruel es un libro extraordinario que transita por el silencio y el secreto de las vidas extrañas y solitarias de sus protagonistas, bajo la duda de lo que realmente les sucede, un libro habitado por almas truncadas que deambulan en la desolación, machacadas por sus miedos constantes.