jueves, 5 de febrero de 2015

Maridaje literario


En una entrevista reciente, Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959) subraya que Las letras entornadas (Tusquets, 2015) es un libro tranquilo. Ante esta afirmación, un tanto sorprendente, uno cree que el escritor vasco lo dice desde la serenidad y el recogimiento, o quizá induce a pensar que el lector ha de acercarse a su obra con determinada actitud. Lo cierto es que, conforme avanzas en la lectura, sientes y piensas que su libro invita a llevar un ritmo lento y sosegado, como no podría ser de otra manera cuando se trata de un texto que traza la trayectoria literaria de su autor, sus preferencias y lecturas importantes.

En sus andanzas literarias anteriores, desde Fuegos con limón (1996) hasta Años lentos (2012), Aramburu ha ido destilando recuerdos y experiencias bastantes ilustrativas que reflejan su universo personal relacionado con los libros. Con su nueva propuesta, el escritor donostiarra rinde homenaje a la literatura como tesoro infinito de vivencias al alcance de nuestro libre albedrío. Las letras entornadas, aunque tiene una estructura narrativa, más que una novela es una colección de reflexiones, artículos y evocaciones literarias que apuntan y desmenuzan obras concretas, así como distintas consideraciones artísticas sobre escritores de diferentes épocas, todo ello enmarcado en un escenario íntimo, de conversación sosegada con otro interlocutor, que el narrador Aramburu llama El Viejo, poseedor de un buen número de botellas de vino selecto, dispuesto para amenizar las charlas de la tarde de cada jueves. En esas horas de dispendio, surgen listas de gustos literarios y lecturas redivivas. Aparecen la influencia vital del Lazarillo, la complicidad del Quijote o la interferencia ideológica de El hombre rebelde, de Camus, que vino a marcar un punto de inflexión en el futuro del escritor vasco, coincidiendo con su traslado a Alemania. En estos primeros capítulos, hasta completar los 32 que configuran el texto, Aramburu va desgranando su infancia y sus vivencias en un barrio humilde de San Sebastián, sus peripecias y anécdotas de juventud para evocar un tiempo pasado y extraer respuestas y preguntas, no sólo a su actividad lectora, sino a sus vínculos culturales con las letras y a su participación en la fundación del Grupo CLOC de Arte y Desarte, una incursión humorística, con guiños surrealistas, que duró tres años, hasta llegar poco a poco a la decisión de emprender su vocación literaria y embarcarse definitivamente en la escritura.

En todo este relato autobiográfico del autor de Ávidas pretensiones (2014) hay un derroche de cercanía y propensión al disfrute sereno, así como un reconocimiento a la obra de tantos otros grandes escritores, como Thomas Mann, Dostoievski, Flaubert, Aleixandre. Tampoco faltan páginas para exponer sus preferencias como lector y crítico sobre autores españoles actuales: Ramiro Pinilla, Giralt Torrente, Juan Gracia Armendáriz o Pilar Adón, a los que dedica elogios encendidos.

Las letras entornadas es el mapa desplegado de un escritor que viene a mostrarnos la andadura literaria de una época, de un tiempo suyo provisto de reflexiones y matices, pero con la convicción de que los libros son el espacio donde el deseo puede todavía seguir conspirando con optimismo, hasta cumplir el sueño de hacerse realidad.

El libro de Fernando Aramburu atesora agudeza y un río de buenas recomendaciones literarias. Las letras entornadas posee la acompasada elaboración de un buen vino con los necesarios cuidados para su cata, un maridaje literario que incita a probarlo. Yo lo he hecho y la experiencia me ha sido grata y apasionante.