sábado, 10 de octubre de 2015

De niños extraños

Muchos de los males y sufrimientos que padecemos provienen de nuestra incapacidad para liberar tensiones y fuerzas extrañas que existen dentro de nosotros mismos. Cuando alguien nos rechaza, por ejemplo, nos rebelamos por dentro y, de alguna manera, nos aferramos a ese rechazo. Esto genera una tensión muscular que, si no se desbloquea a tiempo, puede producir una alteración que afecte a nuestra percepción de lo que ocurre en el mundo que nos rodea y, lo que es peor, puede arrastrar dolencias desde la infancia. Los cuentos reunidos en El cuerpo secreto (Páginas de Espuma, 2015) de la escritora Mariana Torres (Angra dos Reis, Brasil, 1981) tienen mucho que ver con los males, las rarezas y las tensiones que desde la tierna infancia llevan sobre sus espaldas o en el interior de sus cuerpos muchos de los niños que se mueven por las historias que transcurren en la sorprendente ópera prima de esta joven autora.

Son treinta y cuatro relatos (igual que los años que cuenta su creadora) escritos en formato breve. La mitad de ellos, microrrelatos. Pero todos ellos revestidos de esa sencillez, intensidad e imaginación que hacen que la magia del cuento produzca esa doble alternancia propia del género: si es real parece inventado para el lector y, si es inventado, parece real. Uno de los rasgos más significativos de esta colección de cuentos de Mariana Torres es, precisamente, que más que narrar historias las esboza con pinceladas fantasmagóricas y surrealistas. Es en el ámbito sensorial por donde transitan sus personajes, la mayoría de ellos niños extravagantes que huelen diferentes al resto, comen otros alimentos o sienten otros pálpitos, mayormente para echar afuera el dolor que llevan consigo: en Esos niños que lloran se airea el grito ancestral de las catacumbas; en El monstruo está despierto, uno de los relatos más extensos, el miedo se disipa entre los huérfanos de una casa, siguiendo el ritual que la madre ausente dispuso y que aprendieron de memoria; el destino previsto para El niño pera es descorazonador; en otro relato, al pequeño Óscar le toca en suerte comerse una semilla que le germinará en su interior hasta convertirse en un árbol esplendoroso y dejarlo extenuado; después, en Pólvora o en Época de muda, dos de los microrrelatos más meritorios del libro, la acción no es lo más sobresaliente, lo que importa es el cauce de las palabras y sus efectos en el lector.

Los cuentos de Mariana Torres son historias intermitentes que nacen del sueño, flashes visionarios e imágenes poéticas protagonizadas en su mayoría por niños que, progresivamente, conforme avanzan los cuentos, se van convirtiendo en adolescentes y adultos. En cualquier etapa por donde transcurra el relato, se comparten soplos literarios intensos, perturbadores y extraños que desencadenan un friso de naturaleza onírica en el conjunto de todos ellos. Todo parece asociarse entre el cuerpo y el espíritu de esos seres que aparecen por sus páginas arrastrando algún lastre adquirido anteriormente.

En esta primera incursión de la escritora brasileña en la narrativa breve hay alma y cuerpo, magia y terrenalidad, dolor y gozo, muerte y vida en comunión con la naturaleza, hasta el punto de sentirla como un trasunto de sus personajes fundidos con el escenario por el que deambulan. La voz narrativa es fresca, ligera y atinada, con una prosa poética llana, alejada de hermetismo, que se caracteriza por transmitirnos la emoción y la sensibilidad que ponen sus protagonistas al fijarse en las cosas que les rodean. Lo único que le corresponde al lector es trasladarse sin prejuicio a vivir el texto de manera parecida a sus personajes, sintiendo en su cuerpo las consecuencias del miedo, ese miedo que nos protege, nos avisa, y que quizás, incluso, nos ayuda a soportar lo insoportable.

El cuerpo secreto totaliza una treintena de inquietantes miniaturas que suman sin restar atributos a esta nueva voz narrativa, invitándonos a seguir de cerca sus pasos y tener en cuenta su trayectoria en este difícil y exigente género de la narrativa breve en los próximos años, un resquicio que ya ha solventado con holgura en su debut.

El sello Páginas de Espuma afina con la publicación de este libro, una novedad literaria que encaja adecuadamente en esa extensa nómina de su catálogo, donde conviven clásicos y maestros del género con nuevas promesas, como Mariana Torres, que irrumpe en la actualidad literaria con este imaginario de niños extraños cargado de calidad, frescura y empuje. [Reseña núm. 244]