lunes, 28 de diciembre de 2015

Enamorado y enloquecido

El amor ha sido y es un recurso constante de la creación literaria, así como también de muchas otras manifestaciones artísticas. Casi todos alguna vez en la vida hemos escrito un poema o una carta de amor o, al menos, una pequeña nota expresiva empujados por ese sentimiento irresistible. Como tema literario, las obras clásicas están llenas de ejemplos de esa correspondencia apasionada e idealizada del amor y del ser amado. La literatura amorosa viene a ser así un asedio a esa compleja y arbitraria experiencia afectiva que no parece resistirse al poder de la palabra para expresarla. El género epistolar descubre la intimidad y el sentimiento entre dos seres que procuran hacerse presentes y recrearse por la palabra, hasta consumarse en un ansiado encuentro.

La editorial Fórcola acaba de publicar un libro monumental que recoge más de un millar de cartas de amor que el controvertido escritor Gabriele d'Annunzio (Pescara 1863 – Gardone Riviera, 1938) escribió a Elvira Natalia Leoni, una mujer hermosa y enfermiza, culta y entusiasta del canto y del piano, de la que se enamoró perdidamente. D'Annunzio y Bárbara, como la empezó a llamar en sus primeras cartas, se conocieron en Roma en 1887 al salir de un concierto. Aquel encuentro le ocasionó al poeta un desasosiego sentimental de un ardor tal que le influyó de manera determinante en buena parte de su producción literaria.

No dejaría nunca de escribirte es un volumen grueso y emotivo, editado con primor y elegancia bajo el cuidado y traducción de Amelia Pérez de Villar, con un estupendo prólogo y con cientos de notas al final del libro que completan un texto valioso literaria e históricamente sobre la figura excepcional de este singular poeta y novelista italiano.

Esta intensa y exhausta correspondencia que mantuvo el escritor con su amada y musa, a la que bautizó como Barbarella, y a la que también se dirige con el apelativo de Miranda (protagonista de La tempestad, de William Shakespeare), donde él encarna el sobrenombre de Ariel, se inicia cuando d'Annunzio esperaba el tercer hijo de su matrimonio y había cortado ya con otras amantes. A pesar de las intermitencias de sus encuentros y de la complicada situación suya y de Bárbara, que había abandonado el domicilio conyugal para regresar a Roma a casa de sus padres, huyendo de las asperezas y del maltrato de su esposo, ambos, jóvenes insatisfechos, conformarán un idilio prolongado con muchos desencuentros, pero repleto de fogosidad y deseos, como se reflejan en muchas de las despedidas incendiarias de sus cartas: “Te cubro toda de besos, como si te cubriera de una túnica viva de llamas”,(Carta núm. 20); “Adiós, Barbarella. Ámame. Te beso la boca tiernamente”, (Carta núm. 117); “Tu eres la vida de mi vida”, (Carta núm. 379); “El ardor retorna renovado a mi sangre. ¡Pobre de mí! ¿Debo morir abrasado? ¿Quién me salvará?, (Carta núm. 769); “Te sorbo los labios y la lengua, para que te desmayes”, (Carta núm. 798)...

La relación amorosa de Gabrielle d'Annunzio con Bárbara Leoni no restó tiempo a su quehacer literario, sino que más bien encendió la llama de esa voz narrativa y de ese estilo que tanto buscaba, tan necesarios para un novelista en ciernes, como era el caso del poeta italiano. De manera que, gracias al influjo desbordante de su musa, no tardaron en aparecer El placer, El inocente y Triunfo de la muerte, tres de sus grandes novelas que le consagraron como un escritor extraordinario y universal.

Il Vate, como se le conocía en su época, gozó de este amor incendiario en plena juventud y efervescencia creativa. En este compendio de cartas sensuales y fogosas muy bien recogidas en esta obra voluminosa, de casi mil páginas, se recogen esos momentos, a veces reiterativos y empalagosos, tan propio de todo epistolario amoroso largo y secreto, pero de gran belleza y lleno de emotividad, donde tampoco faltan reproches, rupturas y reconciliaciones.


No dejaría nunca de escribirte ofrece una oportunidad interesantísima de conocer, además de los recovecos de una pasión intensa, erótica y sensual, las inquietudes literarias por donde se abría paso el joven escritor de Pescara en su exitosa carrera artística, al tiempo que vivía apasionadamente enamorado y enloquecido de amor. [Reseña núm. 260]