jueves, 28 de enero de 2016

El Gran Cronopio

Descubrir que uno de tus autores literarios preferidos, ya desaparecido, haya coincidido en los gustos musicales que tú mismo has ido cultivando a lo largo de tu vida: la ópera, el tango y el jazz, y que, además, haya sido un entusiasta irredento del boxeo, es todo un hallazgo que obedece a esa clase de coincidencias del capricho matemático que se da ocasionalmente entre dos personas escogidas al azar. Pero si a esa casualidad se añade además el compartir las mismas referencias musicales: Duke Ellington, John Coltrane, Charlie Parker o Benny Carter, músicos varones y trompetistas, o las voces femeninas de Bessie Smith, Ella Fitzgerald y Billie Hollyday, entonces se puede concluir que, con este sumatorio casuístico, uno forma parte de ese club especial que anda disperso por ese laberinto universal donde, al final, los cronopios siempre se encuentran, como afirmaba Julio Cortázar.

A veces el azar, la cabalística, lo inesperado se producen de igual forma entre dos escritores a los que, inevitablemente, les conducirá a un encuentro, porque así lo tenía previsto el destino, en el que surgirá una relación mutua que culminará en una amistad intensa, llena de complicidades y confidencias. Cristina Peri Rossi (Montevideo, 1941) desvela en Julio Cortázar y Cris (Cálamo, 2014) cómo conoció al autor de Rayuela en París, en 1973, y cómo aquel extraordinario acontecimiento supuso una experiencia vital única y alargada en el tiempo, más allá de la muerte del novelista argentino. En aquellos once años de amistad, de literatura y de vida entre París y Barcelona, cuenta la escritora, creció el afecto, el respeto y el amor mutuo que se profesaban, tanto en la distancia, en los momentos de compañía, que no faltaron, como en la correspondencia que mantuvieron de forma prolongada.

El testimonio literario es un género de gran tradición entre muchos escritores. A veces por devoción o admiración mutua. Leer sobre los escritores, pararse en sus grandezas y debilidades, en sus hábitos cotidianos, manías y desasosiegos, aporta una dimensión de su literatura que enriquece el bagaje cultural que uno lleva consigo como lector, con todos esos rasgos, a veces complementarios, a veces contradictorios, de la vida de ellos. Peri Rossi nos acerca al universo literario e íntimo de Cortázar, un tipo alto, al que ella llamaba cariñosamente “piernaslargas”, un ser nostálgico y melancólico que siempre necesitó el amparo del amor y por el que siempre apostó. En estas páginas también está presente el exilio. Ambos amigos lastran esa carga sentimental de expatriados que fluye en sus corazones, así como el devenir de los infortunios amorosos que completan esos exilios íntimos producidos por la ruptura de una relación. Aurora Bernárdez, Ugné Karvelis y Carol Dunlop fueron los tres amores del escritor que completaron un ciclo encadenado sentimental y tumultuoso de esposo, amante, divorciado y viudo respectivamente.

Cortázar le dedicó a la poeta uruguaya quince poemas de amor recogidos en su libro Salvo el crepúsculo (Alfaguara, 1984). Peri Rossi rememora estos versos en la segunda parte del libro y se explaya sobre las sutilezas de la poesía y sus destinos. La poeta se convertía inopinadamente en musa, un cambio de papel repentino que trastornaba su identidad. “Los leí, me emocioné, los rechacé, los quise –subraya sin contención–, no se los enseñé a nadie, me sentí tan incómoda como cercana, maldito Julio, ¿por qué me habías elegido a mí, una sentimental, una romántica, como el objeto de tu dolor?” El gran cronopio, como le gustaba nombrarle, hizo de las suyas: fascinarla con versos.

Si hay alguna cosa que defiende la autora de Habitaciones privadas (Menoscuarto, 2012) por sí misma, por la escritura, por la literatura y por todos los lectores, es el respeto y cariño, no solo por la memoria de su admirado amigo, sino por la soberana libertad que como gran escritor desplegó, según su conciencia y dignidad personal.


Todos los libros tienen una peripecia, una historia que contar, pero la de este, además, no deja de ser especial y recóndita, una crónica sentimental de una amistad intensa que constata que las historias tienen dueño y destinatario. Las historias y la realidad, en definitiva, se mezclan para que el lector tenga la oportunidad de descubrir y compartir momentos únicos y reservados, como las revelaciones que despliega este hermoso testimonio, bajo un título tan íntimo y entrañable como Julio Cortázar y Cris, tan pletórico de literatura, poesía y vida.