martes, 2 de febrero de 2016

Vidas menguadas

Todas las experiencias halladas en relatos de vidas paralelas, y no tenemos por ello que acudir necesariamente a Plutarco, tienen un denominador común: la lucha y el abatimiento. El alma inquieta del personaje decide, en su libre albedrío, experimentar la vida a tope para aprender y evolucionar en su propia consciencia, dentro de una voluntad desatada por alcanzar una identidad que no llega cuando más la ansía y busca. Soñar con el éxito no parece suficiente para lograr alcanzarlo.

Uno de los temas más recurrentes en la narrativa de Luisgé Martín (Madrid, 1962) es esa búsqueda del éxito y de la identidad de sus personajes, a través del tiempo y a pesar del devenir de las mutaciones forzadas a lo largo de sus vidas azarosas: amores tortuosos a menudo embarrados en una sexualidad extralimitada. En su última novela, sus dos protagonistas sueñan con estos dos propósitos y acaban aturdidos en los escombros del fracaso. Ambos poseen las condiciones necesarias para el triunfo, pero la pasión desbordada, la inconsistencia de sus vidas y la crisis de identidad los llevan por un camino de excesos, lujuria y dispendios que los hunden irremisiblemente. Narrada sobre la artimaña de la investigación biográfica y al filo de la inverosimilitud, La vida equivocada (Anagrama, 2015) es una historia contada con eficacia y pulso narrativo en la que su autor disecciona, como punto de inflexión, la vida desperdiciada de sus protagonistas que acaba soterrando a ambos en la inevitable crueldad de sus propios infortunios.

El lector que se acerque a este libro deberá estar prevenido y disponerse más que a ver qué ocurre, a situarse frente al libro con el compromiso y la voluntad de sentirse vulnerable, pero permeable y resistente a la incómoda aventura personal que va a emprender. La historia de Max y su padre Elías, ambos muy tocados por ese afán desmedido en busca del éxito y, al mismo tiempo, encaminados inexorablemente al fracaso, más parece todo un artificio que simula el vivir incompleto de sus sueños y aspiraciones. Max es un joven escritor mediocre que el narrador ha conocido en su juventud en un taller de escritura y que le desvelará, no solo su vida excesiva y disoluta, sino que le contará al cabo del tiempo la historia misteriosa de su padre, un marido fracasado, de sexualidad pervertida, inclinada a la pederastia, muerto en un accidente de aviación y que dejó un cuaderno de bitácoras y álbumes de fotos que explican las claves de sus excesos y también de su vida incompleta. La estructura de la novela se presenta como una trama que se desdobla en dos historias en las que el narrador adquiere un papel relevante como testigo y personaje a su vez, al menos en la vida de Max, con quien tuvo un escarceo sentimental de fuerte impacto sexual en sus años de iniciación literaria.

El arranque de la novela es prodigioso y contundente. El autor de La mujer de sombra (Anagrama, 2012) explora nuevamente en los oscuros deseos del ser humano y sus consecuencias, esos instantes en que el hombre siente que ya no hay más aliento para seguir viviendo (pág. 11), como si ya nada condujera a la salvación, incluso si se vive al pairo, porque, al final, todo se deshace inexorablemente. A pesar de que la muerte y el fracaso están presentes en toda la novela, la belleza física tiene mucho resquicio entre los anhelos y desastres de las vidas exageradas de sus personajes. El propio narrador irrumpe desde el principio tomando partido con un encendido sentimiento acerca del poder de la belleza física, un valor, según él, superior a las virtudes intelectuales y toda una recompensa sublime, casi sagrada, para el que la contempla.

La vida equivocada es la historia de dos hombres y un mismo destino, dos hombres que van desde el exceso al fracaso, desde la incontinencia al autoengaño, una novela de extraordinaria dureza que transita entre el desborde y la nada, en donde lo verdaderamente terrible de todo lo que sucede es la constatación por parte de sus personajes de saberse mortales, más allá de la perversidad de sus actos y el desmoronamiento de sus vidas exageradas.

Con esta obra, Luisgé Martín introduce en nuestro espíritu la inconformidad y la rebeldía que están detrás de todas las hazañas de dos seres pletóricos de anhelos y en permanente entredicho con la mediocre realidad de sus vidas infelices al borde del abismo, un empeño que resume en gran medida la verdad secreta de cualquier existencia, que no es otra que una vida menguada.