miércoles, 10 de enero de 2018

Apuntes y divagaciones

Al escritor le vale todo para aprender, porque la literatura puede aprovechar lo más insignificante de la experiencia, incluso lo más remoto acaecido en la vida de cualquiera, para trazar una buena historia. Y, lo que es más importante, el aprendizaje le sirve para saber que siempre está a tiempo de escribir algo más y mejor. Esta consideración literaria sintoniza con el mismo sentir referido al proceso azaroso y exigente que supone aprender en la vida.

Sin duda, César Aira (Coronel Pringles, Argentina, 1949) es uno de los escritores egregios más delirantes, imaginativos e inteligentes que existen dentro del panorama literario hispanoamericano actual y que con más entusiasmo y naturalidad afronta esa realidad caótica inherente al oficio de escribir. Dedicado afanosamente durante mucho tiempo a la traducción y a la escritura de novelas, tampoco ha desestimado las posibilidades que ofrece el ensayo, como aprendizaje y experiencia, para hablarnos del expansivo universo literario en el que se abastece, con publicaciones sobre Alejandra Pizarnik y sobre Copi, pero especialmente con su inigualable Diccionario de autores latinoamericanos. De hecho, esta tarea ensayística siempre ha estado incrustada en su quehacer literario de forma enmascarada. Él dice que sus libros son ensayos que disfraza de novelas.

En esa radical concepción de la literatura, Aira pone su acento, genuino y particular, afirmando que hoy en día “la novela es novela de acercamiento”, como si toda narrativa consistiera en tomar el microscopio para acercar y agrupar todas las cosas y mostrárselas al lector. Hoy, según sus palabras, “la novela fluye directamente del autor, sin pasar por la intermediación de la literatura”, y eso le preocupa. Sostener algo así, insiste, es errático si la tarea que lo justifica ya no es la de la escritura en sí misma, sino el desatino por publicar.

Sostiene Aira que todo escritor está dispuesto a escribir bien. Esto es una condición sine qua non que reside en la mente del verdadero escritor, porque su oficio, la literatura, así se lo exige. La calidad es una necesidad para que se dé el milagro de lo que entendemos por Literatura. La literatura, en verdad, no sirve para nada que no sea ofrecer el placer que produce, nos viene a decir, y esta promesa se asocia inmediatamente al juicio de calidad que hará finalmente el lector, como se supone lo ha debido hacer antes el propio autor.

En un mundo tan utilitarista como este nuestro, donde todo debe cumplir una función, la literatura, consciente de su inutilidad, tal como afirma en su manifiesto La utilidad de lo inútil (2013) el profesor Nuccio Ordine, sabe que la única forma de consagrar su validez consiste en producir placer y admiración. La literatura y las ideas no resuelven los problemas de nuestras vidas, pero, curiosamente, son tanto más fecundas cuanto más fútiles parecen.

En Continuación de ideas diversas (Jus Editores, 2017) César Aira se mantiene fiel a sí mismo y a estos principios que rigen esa manera radical suya de entender la literatura, a través de un buen puñado de textos breves encajados en un libro de apenas cien páginas, donde se prodiga con ideas para refutar y divagar sobre el arte, sobre la vida y sus asombros. El humor inteligente del argentino siempre aparece, generalmente para encajar mejor el desconsuelo que destilan sus audaces e incendiarias reflexiones.

Aira es un maestro de la brevedad y en este libro incisivo y perspicaz hace gala de esta particularidad extensiva a su narrativa. En esta miscelánea literaria, reunida en ciento treinta y nueve piezas, prevalece un denominador común en el que se postula la esencia de su vocación de escritor reflexivo y apasionado del lenguaje. Aquí encontramos un aluvión de referencias literarias, confidencias, anécdotas, microensayos, paradojas, asombros y decepciones, un puzle en el que cada pieza brota de la inquietud de las ideas, de un escenario personal ávido de extrañezas y perplejidades, lo mismo que se manifiesta el lado avieso de la ignorancia, el paso del tiempo y las correcciones de la vida, la infancia, los sueños imposibles, las novelas policiacas, el amor a la lectura o el síndrome de la página en blanco. Pero también nos cuenta la procedencia de su pulsión literaria a través de los cómics y su temprana admiración por Proust, Kafka y Borges.

Continuación de ideas diversas es un libro heterogéneo sumamente luminoso, que resume en gran medida lo que Aira ha ido fraguando a lo largo de su carrera en su proceder literario, su tono vanguardista percute de manera exponencial a la hora de esa defensa que tanto le gusta y que consiste en no apartarse de la idea de que que la literatura es forma, no solo pasatiempo o entretenimiento. Por eso “escribir es una decisión de vida –dice– que se realiza con todos los actos de la vida”... “para ocupar el tiempo”... “y por ningún otro motivo”.

En resumen, Aira nos entrega un excitante y apasionado libro poblado de apuntes, reflexiones y divagaciones que hablan mucho del secreto literario de quien los promueve y del misterio de la imaginación que los provoca, una obra mordaz y lúcida, escrita con mucho fundamento por un artista dispuesto a mostrar los entresijos de su poética.