lunes, 21 de junio de 2021

Diálogo aforístico


Lo complejo de las colecciones de aforismos, como diría Enrique García Máiquez es que, pese a su tamaño, en ellos hay lugar para que quepan entallados, a su manera, todos los géneros de la literatura, desde la poesía lírica y la épica, hasta el microensayo y la filosofía, pasando por la más amena y breve narrativa, haciendo un guiño al teatro de la vida, o apuntándose a los márgenes de la crítica. Y, en todo este caudal de posibilidades, cabe también la instantánea de una foto o el estribillo de una melodía.

El embrujo del aforismo parte de su fascinación por lo escueto como semillero de pensamientos, de hallazgos, de balbuceos y, cómo no, de desafíos. Por eso mismo, podemos afirmar también que el aforismo tiene mucho de juego y de diálogo. Precisamente sobre esta última acotación, donde el malabarismo verbal se presta a la réplica, encaja como anillo al dedo Cóncavo y convexo (Esdrújula, 2019), una experiencia lúdica en la que está muy presente la conversación, convertida en este caso en un duelo aforístico sin precedentes. Los contendientes son, por un lado, Carmen Canet (Almería, 1955), crítica literaria y ensayista, autora de varios libros de aforismos, entre los que destacan Malabarismos (2016), Luciérnagas (2019) o Legere, eligere, su reciente colección de aforismos en torno a la lectura, y por el otro, el poeta Javier Bozalongo (Tarragona, 1961), autor de varios poemarios entre los que sobresalen Líquida nostalgia (2001) y Todas las lluvias son la misma tormenta (2018), galardonado con el Premio de Poesía Blas de Otero.

Cada uno de ellos afina sus oídos, dispuestos a escuchar y a responder a cualquier envite, desafío o perplejidad que el otro propugne, enuncie o dictamine, libremente. El lector, sorprendido, queda en medio de esa lid o campo de tiro sin saber quién dispara o responde. El resultado para él es tan desconcertante como asombroso. Digamos que, en este original duelo, la aventura aforística promete contradicciones y sorpresas. Destaca sobremanera la naturalidad y la autenticidad con que ambos duelistas, que no contrincantes, se baten. Por cada lado saltan chispas y agudezas. Cada munición aforística de intercambio, eso sí, de fuego amigo, con el que responde el uno al otro, posee su calibre ajustado a la detonación exigida: “Aforismo subcutáneo: submarinismo.” / “Aforismo cutáneo: a flor de piel.”; “Hay cosas para toda la vida: los hijos y los libros.” / “Hay cosas efímeras: el amor y la muerte.”; “La vida, unas veces, es un espejo cóncavo y otras, convexo.” / La vida, otras veces, es un espejismo.”

La dicotomía establecida entre ellos a veces se complementa, otras, en cambio, propugna algún matiz distinto. Canet y Bozalongo, y viceversa, son conscientes de que el aforismo persigue deleitar, persuadir, sorprender o contradecir a lo mucho que aflora de lo cotidiano. Ahí está su plasma, y no necesita de profusión, se basta con dosis pequeñas. En lo simple de la brevedad encuentran ambos esa doble faz que permite al lector dirimir y contraponer lo que entre ellos combinan con desparpajo, sabiduría, fugacidad y gran factura minimalista, como es el caso de estas muestras: “Escribir no te hace ser mejor. Leer sí.” / “Escribir te hace sentir bien. Leer, tener todo a tu alcance.”; “La separación de bienes es un buen régimen.” / “La separación de males es aún mejor.”; “En la vida hay que hacer muchos quebrados.” / “Procura que la vida no te fraccione.”


Cóncavo y Convexo es un libro que está lleno de agudezas y recreaciones, escrito a cuatro manos, o si se prefiere a dos voces alternas que hacen del mismo emplazamiento un juego revelador e intuitivo, capaz de desvelarnos las paradojas, lo insólito y el parafraseo recurrente que lleva el aforismo implícito sobre cualquier asunto que toca. Quizá, con la idea de trasladar al lector, no solo esa manera sentenciosa de pensar que suscita el aforismo, sino también visto desde el alborozo instantáneo que provoca el mecanismo de argumentar con esos fogonazos percutores con que cuenta el género. Fogonazos instantáneos de dos fervientes aforistas, que esbozan y enuncian, con lucidez y mirada conspicua, algunas reticencias y certezas sobre la vida, la escritura, el amor y el mundo que les interpela.

Este es un libro atrevido y lúdico que sabe a sabiduría, pero también es un dueto replicante, un destilado intermitente de reflexiones y sentimientos, escrito con gusto, humor y halo filosófico bien dispuesto al son de la palabra y al ritmo de la vida.


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