viernes, 15 de noviembre de 2013

Dramas urbanos


Volver a leer relatos de Pedro Ugarte (Bilbao, 1963) es emprender una excursión llena de desafíos por suelo urbano. Ya comenté en este blog, allá por el mes de junio, mi descubrimiento literario del escritor bilbaíno. El tren da para mucho y, en asuntos literarios, es una fuente inagotable de creación para los escritores, y de aventuras y tedio para nosotros, los lectores. De manera que, cuando reseñé su última publicación de relatos, El mundo de los cabezas vacías, sabía que Ugarte ya me había narcotizado a través de Jorge, el protagonista multiforme de sus historias. Ahora sé que su liturgia literaria y las peripecias de sus personajes me han convertido inevitablemente en acólito lector de su narrativa.

Ha transcurrido casi cinco meses desde aquel suceso y ahora lo evoco, después de haber leído el libro de relatos homónimo del cuento que escuché primeramente en el talgo. Mañana será otro día es un texto publicado en 2005 en la editorial Lengua de Trapo que recoge doce historias en las que el escritor vasco proyecta una visión particular, llena de ironía, sobre tramas urbanas por donde desfila el ciudadano de hoy, ese individuo que se encuentra encasillado en lo convencional y rutinario, pero desbordado cuando las circunstancias o el destino le cambian el rumbo inesperadamente. Pedro Ugarte es un creador de relatos cotidianos solvente, nada cercano a lo mágico, y mucho menos a lo fantástico. Las historias de Mañana será otro día se sumergen en las cosas de todos los días: el mundo laboral, los diálogos de parejas, el conflicto del dinero... En estos escenarios tan comunes discurren estos episodios preñados de emotividad y lógica que se entrelazan continuamente. 

En el relato que da título al volumen hay una incursión en los límites de la convivencia que deja sobrecogido a un joven matrimonio. Pero en el primero de sus cuentos, La buena estrella, la suerte de uno de los miembros de una familia representa un rol determinante para alertarnos de que a veces tener repetida la fortuna puede revertirse a peor. O en la historia entrañable del poeta que, como tantos otros, tiene que dedicarse a otro oficio ajeno a su vocación para sobrevivir, pero es, gracias a este revés, donde el poeta descubre algo esencial: lo que cuesta escribir.

Los relatos reunidos en este libro son tan verosímiles como reales, hasta el punto de que hacen que hacen dudar sin son ficción o crónica periodística. Da que pensar lo que a veces se confirma: que la ficción es más real que la propia vida. La prosa de Ugarte es sorprendente, bien acomodada a la voz y a la mirada de un narrador en primera persona que se desenvuelve con asombrosa naturalidad. Al autor de Casi inocentes le gusta transitar por el interior de los personajes para extraer sus tribulaciones, tanto desde el prisma de la convivencia de pareja, como en las relaciones con los vecinos o en el puesto de trabajo. Esto que corresponde a la vida normal de cualquier mortal, aquí, en Mañana será otro día, en un instante se desborda y deviene de repente en algo sobrecogedor o mezquino y, en muchos casos, disparatado.



A Pedro Ugarte le gusta contar historias cercanas al lector sobre la amistad, el amor, la familia y el trabajo. Los cuentos del bilbaíno son como oficinas donde sus empleados intimidan sin cortapisas hablando de sus vidas. En mi modesta opinión de lector irredento de cuentos, después de la muerte del gran Medardo Fraile, Ugarte toma el testigo como escritor en la misma senda del memorable creador de El álbum. Con esta confesión, no tengo escapatoria: seguiré releyendo al maestro grande del cuento español, y continuaré experimentando con los dramas urbanos próximos que publique el vizcaíno.

Pedro Ugarte tiene el don de contar historias sencillas e íntimas, con el vigoroso tino y cuidado que precisa la buena literatura, una tarea que, como dijo Borges, consiste en sacrificar lo insólito a lo eficaz, sin olvidar la amenidad y el interés.