sábado, 1 de febrero de 2014

Meras apariencias vacías


La publicación de Intento de escapada de Miguel Angel Hernández (Murcia, 1977) ha sido un acierto del editor Jorge Herralde (otro más en su haber), atendiendo la recomendación del jurado del premio hómonimo de novela del año 2010 que consideró la obra del murciano una excelente propuesta literaria para los lectores de Anagrama. Esta opera prima de Hernández transita por los recovecos del arte contemporáneo y toca de manera tangencial el controvertido asunto de la inmigración.

Miguel A. Hernández teje una trama donde las consecuencias del arte contemporáneo alcanzan cuestiones estéticas y éticas, como espada de damocles, para que el lector se interrogue y dilucide cuál es la línea de separación entre el arte y la vida. Lo que viene a decir la novela de Hernández es que los límites éticos del arte deben ser los mismos que los de la vida, y va más allá al sugerir que el artista, el creador, está sujeto a los límites que marca la sociedad para su examen, porque el arte no se debe interpretar como una especie de estado de excepción. Intento de escapada es una historia escrita entre la experiencia personal del propio autor (crítico de arte y docente de la Universidad de Murcia) y el ensayo.

Marcos es un estudiante sobresaliente de Bellas Artes que acepta convertirse en asistente durante los prolegómenos de la exposición que va a llevar a cabo el gran Jacobo Montes, el artista del momento. Una oportunidad que no deja escapar, fascinado por la figura del controvertido artista y las espectativas creadas en torno a su próxima perfomance. Una travesía que vivirá en primera persona, como narrador de esta vertiginosa historia, hasta acabar en un choque de su conciencia con los límites morales de la representación artística. Marcos descubre motu proprio la diferencia entre la teoría y el concepto artístico, con la práctica, es decir, con la gestación de la obra de arte. Para un joven, enfermo de teorías, este trayecto le brindará la ocasión de experimentar otro sentir y otra mirada.

Uno de los méritos innegables del libro de Miguel Angel Hernández es hacer preguntas sobre el arte y, sobre todo, hacerlas entendibles al gran público. Una novela que rastrea ideas para hacerlas reconocibles al lector común. Hernández es consciente que no es posible colarse en las entrañas del espectáculo del arte sin que se te caigan los palos del sombrajo. Porque ningún arte es puro y nadie está a salvo: “El arte tiene secretos y enigmas. No podemos entenderlo todo... El arte contemporáneo no era demasiado distinto al circo y a la feria” (pág 222). “El arte es una cosa sucia, y no hay manera de lavarla sin que pierda su color” (pág 229).



Intento de escapada es una novela interesante y comprometida, que aborda las relaciones humanas por medio de la experimentación artística. Parece que detrás de esta obra surge una intencionalidad didáctica indisimulada, que se presta a transmitir al lector que el arte tiene que ser un espacio de consenso, un juego que empuje al espectador a posicionarse entre la realidad y la ficción. Un libro que no te deja indiferente, que fluye, gracias a una prosa impecable, y que te hace pensar sobre qué hay de validez en la obra artística contemporánea, donde parece que la estética sobrepasa a una ética menguada por el mercado, solaz del espectáculo. Cuando descubres esto, entonces das por sentado que las cosas, al final, no son sino meras apariencias vacías (pág 236).