martes, 24 de marzo de 2015

Sentirse extranjera


Le debo a Óscar López, conductor del programa cultural Página2 de TVE, el hallazgo de este pequeño gran libro de Agota Kristof (Csikvánd, Hungría, 1935 – Neuchâtel, Suiza, 2011), una historia de desarraigo y superación personal que reflexiona sobre el lenguaje y la identidad. La analfabeta (Alpha Decay, 2015) es un título ácido e irónico que cuenta, con una prosa directa, las vicisitudes de una mujer, hija del maestro del pueblo, que leía todo lo que caía en sus manos y que contrajo (según confiesa en el relato) la incurable enfermedad de la lectura desde muy niña. Luego, al abandonar su país y su lengua amada, deberá comenzar a expresarse en un nuevo idioma sin sentirlo como suyo.

La analfabeta es precisamente el testimonio de una mujer apasionada por la literatura y el lenguaje, truncada por la dificultad y el trauma sobrevenido al tener que hacerlo en una lengua extranjera. Como bien apunta Nadal Suau en el prólogo de esta edición, el libro de Kristof es un testimonio primero de vida, luego literario. Y es que la escritora húngara es capaz de impactarnos hasta conseguir que nos dobleguemos ante su discurso utilizando esa simbiosis de vida y literatura, en apenas treinta y cinco páginas memorables, sin que nada parezca sentimental ni pretencioso pero, en cambio, resulte desgarrador para el lector, gracias a su prosa sencilla y desnuda, capaz de conmovernos en tan solo once breves capítulos. Son once momentos de la vida de la autora que transitan por distintas secuencias de un exilio obligado. En este relato autobiográfico aparecen estampas de una existencia arriesgada e intensa que transcurren desde una infancia feliz, hasta la superación de una posguerra cruel, pasando por años de soledad en un internado, la pobreza y el definitivo exilio a Suiza con un bebé a cuestas. Tenía treinta años cuando atravesó la frontera con su marido y su niña recién nacida. Agota Kristoff llegó a pie al corazón de Europa, huyendo del hostigamiento ruso. Se instaló en Neuchâtel, en la parte francófona suiza, en un pequeño apartamento. Allí se colocó en una fábrica de relojes. Se levantaba de madrugada para ir a trabajar durante interminables horas, repitiendo los mismos movimientos mecánicos para ensamblar aquellos pequeños aparatos del tiempo. Esa monotonía cansina le ayudaría a componer poemas que después transcribía en casa.

La magia de la literatura no escoge ningún formato ni extensión alguna para sorprendernos, incluso en la estrechez de un relato breve cabe toda una vida y,  aunque parezcan pocas páginas, son las suficientes y esclarecedoras para esbozar la vida entera de una mujer. En este minúsculo y hermoso libro se plasman, no sólo los momentos vitales de una escritora empujada a emprender una nueva vida en otro país, sino además su perfil literario, con un estilo minimalista y claro, desde la verdad y la desnudez del lenguaje.

La analfabeta es un relato fragmentario, una recopilación sin artilugios, un testimonio honesto y sentido sobre los estragos del destierro, la pérdida de la identidad y el extrañamiento; un texto impresionante y desgarrador, que conmueve. En sus entrañas se vierten los sentimientos de lo que sucede al ser humano cuando deja atrás a sus seres queridos, cuando el paisaje y el idioma cambian y ya no conoce a nadie, los vecinos le resultan extraños e insignificantes y tendrá que sobrellevar demasiado tiempo la inquietud y la desconfianza de éstos.

Al cerrar el libro, uno tiene la sensación de haber leído un relato demoledor, pero hermoso, que invita a nuevas lecturas gracias a su indiscutible hipnotismo y escritura reflexiva sobre la suerte corrida por su narradora y otros compatriotas, que tuvieron que elegir el exilio a la cárcel del régimen soviético. Su voz nada tiene de moralizante, solo piensa en cumplir el destino histórico de contar el suceso con la fuerza viva de la palabra y la amargura de sobreponerse a la dificultad de otro idioma.

En suma, el libro de Agota Kristof es un texto duro y brillante que ofrece una inmejorable oportunidad de conocer el alma sincera de esta escritora valiente.