lunes, 10 de agosto de 2015

Una encantadora criatura

Con este título conmovedor, Truman Capote nos dejó una semblanza agridulce y memorable de Marilyn Monroe, recogida en Música para camaleones, un libro de implacable lucidez y maestría. Desde luego, los mitos nunca mueren y, de eso, ya se encarga la buena literatura. Mucho se ha hablado y escrito sobre este icono del celuloide, una mujer tan atractiva y malquerida que parecía nunca sucumbir a tantas aventuras amorosas, pero de las que jamás salió airosa. Fue una estrella evasiva, dotada de un magnetismo que no dejaba a nadie, incluidas mujeres, indiferente. Hoy siguen vigentes su rostro, sus ojos, sus poses y su insinuante boca rubí por todos los escaparates del mundo de la moda femenina. Sin embargo, dentro de ese cuerpo voluptuoso y sugerente, que en ciertos momentos de su vida llevó como quien lleva una maleta, habitaba el alma de una ávida lectora de grandes autores de la literatura: Dostoievski, Flaubert, Joyce, Hemingway, Beckett, Kerouac, entre otros, y el de una semioculta intelectual que, además, escribía poemas incisivos, hecho que nadie sospechaba. Este es el gran problema de quienes sienten demasiado y comprenden demasiado: que podrían haber abordado mayores empresas, pero como la vida es solo una, les obliga a decidirse precisamente por la que se dan a conocer, aquella que los demás piensan que es.

Marilyn no es solo un icono o una especie de estallido sexual de color platino que había adquirido fama universal, como la retrata Capote, sino que es una mujer hecha y derecha, de carne alegre, mezclada con una doble, hecha de aire y melancolía. Marilyn es perfectamente consciente de ser un nuevo mito y al mismo tiempo se interroga a sí misma sobre el sentido que dicho mito pueda influir en su misma persona. Su amigo Truman le advertía de que la vida es breve, pero el arte es largo. Otro escritor, en este lado del Atlántico, que quiso también rememorar la importancia de aquella joven de curvas voluptuosas, mirada ingenua y pícara sonrisa, es nuestro paisano Rafael Reig (Cangas de Onís, 1963), que publicó en 1992 una extraordinaria novela sobre esta mariposa del celuloide para desvelarnos los interiores de su alma y conocer mejor su irremediable adicción al amor, a la vida y a la belleza.

Posteriormente, en 2005, la editorial Lengua de Trapo recuperó este texto, revisado por el escritor asturiano, bajo el título de Autobiografía de Marilyn Monroe, un extraordinario monólogo donde la propia artista es la narradora que recapitula en trece episodios la trayectoria de su vida. No se trata de dar cuenta y hacer una revisión de la vida de esta mujer sin par, más bien lo que se propone Reig es aflorar la biografía interior de la artista para darnos las pistas de quién era ella, qué opinión tenía de sí misma y del mundo atosigante que la rodeaba.

La novela de Reig era un libro que me aguardaba y no sé por qué había tardado tanto en tomarlo y leerlo con la atención que se merece, siendo además un fan entusiasta e irredento de la Monroe. Hace pocos días lo terminé de leer y me prometí comentar la experiencia en este diario de lecturas. Hoy, un día tórrido de agosto, es el día señalado para sumergirme en la tarea y apuntar sus encantos.

Autobiografía de Marilyn Monroe es un artefacto literario emocionante, una indagación en el mundo interior y en la vida desvanecente y desgraciada de ese alma verdadera que había detrás de la imagen de una de las mujeres más interesantes y deseadas de todos los tiempos. Rafael Reig se inspira en los últimos momentos de la vida de Marilyn para relatarnos aquellos días aciagos previos a su muerte, que se resumen, en un texto impecable, de apenas ciento ochenta páginas, los pensamientos, emociones y sentires de esta rubia maravillosa de 36 años que solo anhelaba ser querida.


Con esta estupenda autobiografía apócrifa, Reig reivindica la figura del mito y nos revela la complejidad del alma que lo envuelve, tan ajena de sus admiradores, como extraña para quienes la trataron, un empeño anhelado por la propia diva, y con ello no hace más que dar a conocer poniendo en su boca lo que pensaba, sin importarle el aislamiento que tendría que soportar y el alto precio que el destino le puso a su vida, con aquel triste final, tan sórdido y horrible. [Reseña núm. 231]