sábado, 29 de agosto de 2015

Retorno a la naturaleza

Lo asombroso de los libros es que cobran vida propia en manos del lector. En el deslumbrante ensayo La verdad de las mentiras (Seix Barral, 1990), el escritor Vargas Llosa despliega los entresijos de la ficción con el propósito de mostrar al lector las intenciones que hay en toda novela. Que nadie se lleve a engaños universales –nos viene a decir el nobel peruano–, las novelas mienten, pero esa es una parte de la historia que encierran. La otra, la más interesante, es que, mintiendo, expresan una curiosa verdad que solo puede expresarse disfrazada y encubierta de lo que en realidad no es. Porque querer ser distinto de lo que se es ha sido siempre la aspiración humana por excelencia. De ella resultó lo mejor y lo peor que registra la historia. De ella –concluye el autor de La ciudad y los perros– han nacido también las ficciones.

Oso, de Marian Engel (Toronto 1933-1985), es una novela indisimulada sobre esa realidad propia del ser humano de no estar contento con la suerte que corre y querer llevar una vida distinta a la que tiene. Este es el embrión de la historia que bulle en esta obra que traemos hoy al blog: la inconformidad de su protagonista, el latido de una pasión irrefrenable.

Con una hermosa y reveladora portada, Enrique Redel, editor de Impedimenta, nos trae esta breve novela inédita en España. Engel publicó su Oso en 1976, catorce años antes de que el escritor de Arequipa nos hablara de la verdad de las ficciones, aunque aquí también la escritora canadiense invita al lector a asistir de cerca, como espectador, a la metamorfosis de Lou, la joven bibliotecaria, de vida anodina y rutinaria, que protagoniza su insólita historia.

Marian Engel comenzó a escribir desde muy joven. Hija de maestros, creció en un pueblecito del norte de Ontario. Publicó su primera novela a los 35 años, pero su fama en Canadá le viene dada con la aparición de esta novela decididamente erótica, todo un escándalo en los ambientes puritanos de aquellos años. Urdida con los mimbres literarios suficientes, sin apenas diálogos y con un narrador omnisciente que va desvelando la relación emocional creciente entre dos seres tan dispares y ajenos, la autora va despojando a su joven protagonista de toda clase de prejuicios hasta colmarla de felicidad y desenfreno.

Una mujer, una isla recóndita, una casa y un oso tierno y complaciente son los elementos reunidos para configurar esta extraña y excitante historia. Si a esto le añadimos que el personaje, una rara avis solitaria, ocupada en catalogar libros en un instituto, va a mantener un desenfrenado idilio con el viejo oso que habita en un lugar remoto, hicieron que no pudiera resistirme y, mucho menos, una vez empezado, perderme la lectura de este libro. El morbo por indagar sobre esta relación, tan fuera de lo común, superaba con creces mi curiosidad fortuita del principio. Y es que a todos nos gusta que nos cuenten historias excepcionales, y si estas tienen el aditivo de extrañas y únicas, aún nos atraen más. Aquí, Engel narra la transformación experimentada por Lou, una mujer anodina, a través de la relación que mantiene con el oso que habita la casa donde se ha trasladado, allá en una isla lejana al noreste del país, para clasificar los documentos y los libros legados por un estrafalario personaje llamado coronel Cary.

Oso es una historia envuelta en la atmósfera narrativa adecuada para producir una mezcla de sorpresa e intriga en el lector que se acerque a sus páginas, eso que tanto celebramos cuando la destreza narrativa empuja a leer sin detenimiento, hasta acabar un libro.

Leer buenas historias proporciona el pasaporte necesario para desplazarnos por el mundo y vivirlo de otra manera. Bien es cierto que por mucho que uno lea, la vida verdadera siempre queda al otro lado, fuera de la biblioteca, pero leer ficción también nos procura ese poso de vitalidad gozoso, tan necesario y bienvenido para nuestra fútil existencia.


Marian Engel incide y persiste en el empeño de todo artista por querer escribir aquello que debe ser contado desde la imaginación y la calidad. Oso es sencillamente un empeño literario válido y logrado, escrito con una prosa ágil, sencilla y clara, un libro estupendamente traducido por Magdalena Palmer que merece la pena leerse, a pesar de que las pretensiones iniciales de su autora, según cuentan algunos, se urdían por un entramado más propio del género pornográfico que del literario estilísticamente puro. [Reseña núm. 235]