viernes, 31 de marzo de 2017

Atreverse a comprender

Estamos habitados, ocupados, somo seres plurales y siempre vivimos en relación con ese mundo exterior que percibimos como seres corporales y no solamente como mentes inquietas e insatisfechas. Ramón Andrés (Pamplona, 1955) en sus escritos místicos sobre el silencio, dice que el ser humano no sabe justificarse sin un destino, sin un objeto, sin una idea que le mueva, no puede existir en ese mundo sin la certeza de que está facultado para oír más allá de lo audible, ni tampoco reconocer que algo le está llamando a la espera de ser nombrado.

Pensar es reflexionar, volverse hacia el sí mismo y hacia el origen y sentido de la vida. Pensar es una experiencia que no deja las cosas como estaban. Atreverse a pensar, estar atento a lo que nos rodea, atreverse a comprender hacia dónde va el mundo que nos ha tocado vivir tiene mucho que ver con el sentir de esta nueva obra ensayística del poeta y músico navarro, de tan sugerente título: Pensar y no caer (Acantilado, 2016).

Andrés es un escritor capaz de convertir un poema, una pieza musical, un aforismo o una evocación en un tratado de reflexión. Para alguien como él, habitante de bibliotecas, que precisa escarbar en los libros para sobrevivir, predispuesto al silencio filosófico, a la indagación del conocimiento, a estar solo en esa tarea que facilita caer en la cuenta de que uno es ante todo, y muy íntimamente, la relación que guarda con lo que ignora. Desde esa mirada suya escrutadora y silenciosa, según descubrimos en su pensamiento, nos acerca a temas de permanente actualidad para advertirnos que, al distanciarnos de ellos, todo se aprecia mejor. Nada se halla totalmente en lo que aparece como inmediato. El entendimiento, viene a decirnos, procede de una contemplación y de una espera que lo transforma todo en conocimiento y en experiencia.

Estructurada en diez piezas, la obra recurre a la historia para interpretar nuestros días, acudiendo al reclamo inicial del alimento, del pan como historia social y conquista moral de un nutriente básico, remanso del hombre hambriento, hasta acabar en el último capítulo del libro que nos conduce a un lugar de reclusión, a la nada, al fin último, como puerta de reflexión para inquirir qué hacemos aquí, necesitados siempre de la finalidad de comprender el sentido de las cosas y de la propia existencia.

Entre este primer capítulo sobre el pan y el último sobre la inanición o finitud, Andrés evoca y esboza reflexiones sobre el cuerpo y la enfermedad, sobre la exclusión histórica del hombre y la desazón de su desamparo, a través de distintas fuentes de inspiración como la historia, la música, el arte, la filosofía o el cine. El hombre y su configuración animal subyacen a lo largo del desarrollo de gran parte de las reflexiones que abordan los conflictos que le obligaron a transhumar en busca de asentamiento. En el capítulo Europa hay un alegato a cómo se fraguó e idealizó el humanismo y cómo se propagaron las ideas del bienestar, la música y el pensamiento frente al pavor de la guerra y sus nefastas consecuencias.

Pensar y no caer es un libro fecundo en intenciones e ideas, un texto contenido y riguroso, sin alardes, un ensayo legible y humanizado en el que el lector se sentirá huésped de la contemplación y del asombro de lo escrito. Es difícil hallar la verdad en tiempos en los que todo puede ser verdad, advertía Stanislaw Jerzy Lec. Ramón Andrés es de esos autores eruditos que indaga en las fuentes del saber, en su esencia verdadera, en el detalle de su origen y transcendencia para apartarse precisamente del peligro de la posverdad a la que aludía el escritor polaco, tan frecuente en los días que corren.

Los libros de Andrés reafirman a los de otros maestros que le precedieron, como Montaigne, Pascal o Nietzsche, para seducir y alumbrar nuestra curiosidad vital. Pensar, según él, significa, casi siempre, apropiarse. Quien se precie del deseo de esto mismo, en su obra encontrará afinidades y sabiduría.

Ramón Andrés nos convoca a reflexionar sobre el mundo de hoy con las armas del pensamiento para resistir y no caer, para rearmarnos moralmente y hacer frente al nihilismo imperante.


Pensar y no caer es un estupendo ensayo que enseña a leer el mundo. La recompensa de su lectura es altamente gratificante, tanto estética como intelectualmente.