jueves, 9 de marzo de 2017

Puntos de fuga

En el estupendo ensayo La levedad y la gracia (2016), Manuel Neila escribe lo siguiente acerca del aforismo y sus formas: “La escritura aforística es una modalidad expresiva que, debido a su situación en el campo de la cultura, una situación esencialmente fronteriza, está de continuo bajo sospecha. Su carácter sapiencial la acerca al discurso filosófico, mientras que su forma discontinua la aproxima al discurso poético”. Básicamente, entre estas dos orillas: la filosófica y la poética, podríamos decir, sin enredarnos mucho en la retórica tan amplia que hay de definir esta modalidad literaria, discurre esta forma breve, en su concepción y en su calado, para contarnos desde la brevedad de su forma la veracidad o agudeza de su contenido.

Quizás su carácter poético constituya la cualidad más destacada y extendida de esta forma expresiva tan en boga en la actualidad. Antes, el lector entusiasta de aforismos tenía que acudir a ediciones esporádicas para leerlos, hasta que llegó la editorial Edhasa con aquella maravillosa colección que inició allá en 1992 de grandes autores clásicos universales del género. Hoy, afortunadamente, son muchos los sellos españoles que apuestan sin ambages por el género, como: Tusquets, Pre-Textos, Renacimiento, La Isla de Siltolá o Cuadernos del Vigia, que han abierto un canal, algunos desde hace años, por donde fluir estas publicaciones, con premios, inclusive, para animar a nuevos autores al envite. Toda esta dinámica editorial muestra la importancia que está teniendo esta modalidad literaria y su demanda lectora creciente, cada vez más compartida en las redes sociales.

Precisamente, a ese llamado han irrumpido especialmente muchos poetas, como Sergio García Clemente (Santa Cruz de Tenerife, 1974), ganador en 2013 del I Premio Internacional José Bergamín de Aforismos, auspiciado por Cuadernos del Vigía, con su obra Dar que pensar. Ahora, la misma editorial que lo dio a conocer publica su segundo libro de aforismos bajo el sugerente título Mirar de reojo (2017), una colección de doscientas treinta brevedades que insinúan, sugieren o apenas esbozan pensamientos suyos, miradas oblicuas, para mostrar, hasta con humor, la perplejidad de seguir vivo y sus consecuencias.

Viene a decirnos el autor que la mirada de reojo la hacemos con más frecuencia de lo que creemos. La utilizamos cuando fijamos la atención en alguien que no está directamente frente a nosotros y no pensamos girar la cabeza para mirarle, tan solo nos basta mover los ojos para clavar nuestro interés o aprensión en ese alguien o en ese algo común a todos. Pero el poeta también lo hace para alumbrar lo escurridizo o para mostrar lo insólito y lo sorprendente que se nos escapa en el anodino discurrir de nuestras vidas.

García Clemente propone en su obra diferentes puntos de fuga para su mirada aforística de la vida, de las emociones, del tiempo que corre, de la multitud que atosiga, del amor propio, de los cortocircuitos cotidianos, de los días que se nos mueren, de los libros que nos esperan, de la recompensa de algún alivio imprevisto, de las noches en las que, subraya, nos solemos acostar con el pie izquierdo..., o lo que podría resumirse en la lectura del aforismo oculto que recoge propiamente el espíritu del título del libro: aquellas cosas que nos importan e inadvertidamente solemos mirar de reojo.

No hay pensar solitario o atrevido que no tenga su aforista o anotador, decía Cristóbal Serra. A ese deambular reflexivo se adscriben estos aforismos que el escritor canario reúne en su libro, un conjunto de brevedades errantes que surgen de la experiencia propia de ver el mundo y sus partículas desde los ángulos oblicuos que la propia realidad nos permite, tocando y lindando con la verdad que los define, incluso mirando las aguas cenagosas del mundo, sin perder de vista las aguas claras que también corren, aun sabiendo, como dice, que si Todos los días alguien nos arroja al olvido, también hay momentos en el que Abrazar simplifica mucho las cosas.

El aforismo es la voz del hombre a solas, su yo frente al otro. La clave de la compasión del individuo se halla, viene a decirnos el autor, en su relación con el mundo y los demás individuos. De ahí que el grueso de sus aforismos, como vemos en estos ejemplos, oscila en torno a dos ejes: la soledad y las relaciones:

El silencio también puede ser una trinchera.
Observar a los demás es una forma de espiarme a mí mismo.
A veces evitamos a ciertas personas para no encontrarnos con nosotros mismos.


Todo aforismo, como dice el poeta José Mateo, pretende ser, más que un alimento, un excitante; más que una cosmovisión, una cierta mirada, aunque sea de reojo, como propone García Clemente, oblicua, si es preciso, porque todo aforismo aspira a contemplar y a mirar la realidad desde otros ángulos, desde otros puntos de fuga. Este Mirar de reojo, desde luego, tiene su enjundia.