martes, 21 de marzo de 2017

Una pinche historia de enredos

Según José Emilio Pacheco, “pinche” es la palabra más autóctona de México. Pinche puede ser un policía, una camisa, un regalo, una comida, un primo, el mundo entero o bien lo que a uno se le antoje. Se trata, pues, de un epíteto que degrada todo lo que toca. Normaliza y vuelve aceptable una furia sin límites contra algo que nos ofende y humilla, pero que no podemos cambiar.

Lo que Juan Pablo Villalobos (México, 1973) viene a contarnos en su último libro, No voy a pedirle a nadie que me crea (Anagrama, 2016), galardonado con el Premio Herralde de Novela, contiene mucho pinche mexicano en todo su acontecer narrativo, pero en esta ocasión en un escenario circunscrito a la ciudad de Barcelona. Villalobos se deja caer con una novela paródica y divertida en la que la mayoría de los personajes que transitan por ella no saben qué es lo que se está cociendo y va a sucederles a continuación. A esta comedia de enredos llevada a los límites de una tragicomedia, el lector, que tampoco sabe hacia dónde se encamina el juego propuesto en este embrollo narrativo, se incorpora igualmente aturdido, como espectador atónito y desorientado, ante lo que parece una trama criminal extravagante y rocambolesca.

En la novela, un mexicano, que lleva por nombre el mismo que el del autor del libro, viaja a Barcelona después de haber obtenido una beca para hacer un doctorado en Literatura en la Universidad Autónoma bajo el auspicio de una compleja banda de malhechores que opera en ambas orillas del Atlántico, a la que tendrá que corresponder siguiendo las instrucciones que le irá dando un primo suyo. Que el doctorado en cuestión se ciña sobre los límites del humor en la literatura latinoamericana del siglo XX y que el mecenazgo becario lo ostente una red criminal, no es más que otra de las muchas parodias con que está labrada la novela. La retórica del humor es un asunto que no tiene límite en el universo literario de su autor, como ya pudimos comprobar en su primera novela Fiesta en la madriguera (2010), una crónica de un viaje delirante por tierras extrañas para cumplir el antojo del hijo de un narcotraficante mexicano.

El título del libro es una clara advertencia de lo que irá sucediendo vertiginosamente en esta hilarante historia por medio de sus cuatro narradores. No voy a pedirle a nadie que me crea es por tanto la muletilla que va soltando cada uno de ellos: Juan Pablo, el personaje principal, su novia Valentina, la madre de Juan Pablo y, por último, su primo. Cuatro voces narrativas a las que hay que sumar una variopinta fauna de singulares personajes raros y mafiosos, como resultan ser el licenciado, el Chucky, el chino, el pakistaní, un italiano okupa o las dos Laia: la una, hija de un alto cargo de la política catalana, la otra, agente de los mossos d'escuadra.

La novela irrumpe con la figura del primo, un tipo que, ya de pequeño, destacaba en su faceta de cabecilla, y que ahora capta al protagonista para meterlo en un lío descomunal, en un negocio oscuro de blanqueo de capital en las estancias políticas catalanas. Sin embargo, todo se precipitará en un desconcertante enredo que derivará en un desborde con mucho humor, hasta arrastrar al lector a un final impredecible.

No voy a pedirle a nadie... es una novela mexicana que se desarrolla en Barcelona o una novela barcelonesa de marcado cariz mexicano, una obra paródica con resonancias literarias de autores de ámbitos equidistantes en el espíritu humorístico de sus obras, como Jorge Ibargüengoitia o Sergio Pitol por el lado mexicano, o como el acento granuja, irónico y burlesco de Juan Marsé o Eduardo Mendoza, por el lado barcelonés; cuatro autores muy leídos y apreciados por Villalobos.

Estamos también ante un libro con mucho juego metaliterario, una novela mestiza de tonos y registros lingüísticos, como se aprecia en cada una de las voces narrativas que intervienen a lo largo de los diálogos vívidos que se originan, dando mucho ritmo y dispersión a todos los personajes que van surcando la trama.

Villalobos firma una inteligente novela híbrida en géneros: novela negra, en la que no falta el diario, la auto ficción y la tragicomedia, un artefacto literario que concuerda en gran medida con la simbiosis de cultura inmigrante que encierran sus páginas, algo propio de una ciudad tan cosmopolita y global como Barcelona, una metáfora sarcástica e hilarante sobre el crimen que traspasa fronteras y anda a su aire por el pinche asfalto de nuestras calles.