Regresa ahora a los escaparates de las librerías con La intriga del funeral inconveniente (Seix Barral, 2026), una historia en la que un aspirante a reportero, Ramoncito Valenzuela, lleva a cabo la crónica del funeral de un asesinado, con tal maña que, por hacer bien su trabajo metiendo las narices donde no debía, desencadena una investigación sobre una trama financiera que alcanza a todos los estamentos de alto nivel de Barcelona. Mendoza, una vez más, percute en el género negro, más como pretexto, que como modelo, para utilizar el procedimiento que más le conviene a su historia, ya que el crimen, la investigación y la trama detectivesca son resortes válidos y recurrentes de su mundo imaginario para desmontar la hipocresía de las élites, la corrupción institucional y los automatismos del poder, todo ello, por supuesto, impregnado de un peculiar toque de humor ácido y bribón.
Supone el regreso, también, de su célebre detective sin nombre incorporado a una historia que parte de un hecho menor, casi anecdótico: una nota de prensa sobre un entierro insignificante. A partir de ahí, el personaje de Ramoncito Valenzuela toma protagonismo y se ve arrastrado a investigar una red financiera y una conspiración mucho más aparatosa de lo que parecía al principio. El libro retoma el ambiente social y mundano de novelas como El misterio de la repta embrujada (1979) o El laberinto de las aceitunas (1982), y lo sitúa en el centro de una espiral de intriga en el que Mendoza sacude la propia caricatura de sus personajes. Y, a su vez, agudiza el lenguaje y multiplica todo un juego de casualidades y enredos vertiginosos, bajo una libérrima fabulación que roza, en ocasiones, el esperpento, llevando al lector a situaciones de apariencia inconexas que quedan anudadas más tarde en el escrito epistolar final.
Y así, entre malentendidos, equívocos, sorpresas o engaños, Mendoza combina su vertiente narrativa más lúcida, con una estructura de novela negra paródica, en un tono de comedia ligera. No busca, por tanto, resolver un crimen, sino mostrar cómo un incidente baladí puede revelar una red de intereses, ocultamientos y ridículos muy humanos. El propio autor ha venido a decir que este libro surgió de una idea inicial sobre un detective que lee su propia esquela en el periódico, que evolucionó hacia la crónica de un funeral intrascendente que destapa una inesperada conspiración. Todo ello inmerso en una humorada con una extraordinaria mezcla de registros, tanto en vivencias, como en el lenguaje, que busca la complicidad y prestancia del lector.
En síntesis, cada obra que parte de su imaginario genera su propia verdad, que no tiene que ser la que transcurre de una forma esperada, pero, aun así, capaz de explorar universos morales posibles y reales. En esta de ahora, el lector se encontrará con otra vuelta gozosa de Mendoza en la que se reafirma en ese pacto entre el novelista y el lector, como dice la escritora estadounidense Cynthía Ozick, en el que el novelista promete mentir y el lector promete aceptarlo. Aquí, el lector lo hará con sumo gusto.


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