viernes, 7 de marzo de 2014

Back to the classics (2)


En noviembre del pasado año, incorporé al blog un resquicio sui géneris para destacar algunas publicaciones imprescindibles de clásicos inmortales, bajo el epígrafe Back to the classics, entre las diferentes entradas que configurarían esta bitácora de lecturas.

Nada mejor para celebrar el primer aniversario del nacimiento de El Fescambre que hacerlo con la propuesta que la editorial Sexto Piso lanzó, no hace mucho, de la novela Memorias del subsuelo, todo un hito de la literatura universal del genial Fiódor Dostoievski. Una apuesta digna de encomio, revitalizada con una reedición hermosa, gracias a las ilustraciones de Jorge González que dan al texto un toque de modernidad, sin olvidar recrear la atmósfera de esta historia de humillación que refleja el espíritu atormentado del escritor ruso. El propio sello editorial subraya, en una nota previa, que la edición de la obra nace de la vieja traducción de Rafael Cansinos Assens, de 1935, conservándose los arcaismos y modismos que el escritor sevillano introdujo deliberadamente para acercarnos a la época del autor.

Memorias del subsuelo fue el primer libro que leí de Dostoievski en mi juventud, y tanto me persuadió aquella lectura que fue el preludio de las siguientes, como Crimen y Castigo y Los hermanos Karamazov, dos novelones que contrastan con esta obra breve que nos ocupa.

Cuando el libro apareció, allá por el año 1864, Dostoievski se hallaba sumergido en una crisis existencial que le hizo mucha mella: la muerte reciente de su mujer y su hermano, el acoso de sus acreedores, la persecución zarista por sus artículos de prensa... Pero fue su adicción al juego lo que le arrojó irremediablemente al precipicio. De manera que con estos antecedentes, Memorias del subsuelo es la consecuencia de un hombre de alma en pena que conjura con la escritura el exorcismo de sus propios demonios.

Esta nueva relectura me ha servido para constatar que, a pesar del tiempo transcurrido, he podido reconocer el desasosiego de ese narrador tan ofendido y humillado. Memorias del subsuelo es un relato conmovedor e irrepetible, una novela que arranca como saben hacerlo esas historias que atrapan al incauto lector en las primera líneas:

Soy un enfermo... Soy malo. No tengo nada de simpático. Creo estar enfermo del hígado, aunque, después de todo, no entiendo de eso, ni sé a punto fijo, dónde tengo el mal. No me cuido ni nunca me he cuidado...”

Lo terrible del narrador de estas memorias es que, a pesar del desprecio que profesa a todo ese catálogo de personas despreciables que se topan con él por la calle, al final, los envidia, sin importarle cambiarse por ellos, aunque solo fuera un día; eso sería mejor que soportarse en esa lucha letal que lleva consigo mismo.




Escrita por una voz amarga, Memorias del subsuelo es la historia de un hombre colectivo al que el propio Dostoievski le concede indulgencia cuando afirma que sería injusto echar sobre él toda la culpa, puesto que: Sólo una cosa necesita el hombre: querer con independencia... cualquiera que fueren las consecuencias..., después de todo, el diablo sabrá lo que el hombre desea... (pág. 50).

En síntesis: Memorias del subsuelo es un libro intemporal, imprescindible de (re)leer, una obra magistral habitada por un antihéroe empeñado en emborronarlo todo y que, con esta cuidada edición de Sexto Piso, añade un plus de belleza a su inmortalidad.