lunes, 10 de marzo de 2014

La memoria del cuerpo


Conocí a la escritora Marta Sanz (Madrid, 1967) en unas jornadas organizadas por la Fundación Caballero Bonald, en su sede en Jerez de la Frontera, hace dos años, bajo el título: Transgresores y heterodoxos de la literatura española. El congreso se dejó resentir debido a algunas ausencias notables, principalmente la protagonizada por el veterano heterodoxo Juan Goytisolo, el mayor de los transgresores que flanqueaba el cartel de invitados. Sin embargo, a pesar de lo accidentado del congreso, las intervenciones de Marta Sanz y José María Ridao sorprendieron al auditorio; fueron lo más sobresaliente que desfiló por la sala aquellos tres días, aparte de la dedicatoria del libro Black, Black, Black (una novela negra sobre la violencia en el seno familiar) que Marta me autografió con ese toque de intriga que requiere el género: Para J., esperando que haya subido con placer hasta el final de esta escalera...

He vuelto al cabo de un tiempo a leer un nuevo libro de Marta Sanz: Daniela Astor y la caja negra (Anagrama, 2013), nada que ver con asesinatos y, mucho menos, con la presencia del peculiar detective Zarco de la novela anterior. Catalina es Daniela Astor, y la caja negra, la seductora crónica del momento. La historia de Catalina es una proyección de las famosas del momento, una evasión para convertirse en Daniela Astor, la actriz imaginaria a semejanza de aquellas otras que se exhiben por revistas y programas televisivos. Un retrato de época que transita entre la historia íntima de su protagonista y la historia pública que sucede en la realidad. Con esta novela de iniciación, Sanz rememora la fascinación por las revistas del corazón dando vida a una muchacha de doce años que juega imaginariamente a ser actriz del destape en la España de 1978. La narradora, que tiene cincuenta años intercala episodios de su adolescencia para explicar su paso a la madurez y, de camino, contarnos la trayectoria de las musas de la Transición (como Susana Estrada, Amparo Muñoz, Maria José Cantudo o la indomable Bárbara Rey) y sus tristes declives.

Marta Sanz advierte de la importancia que tienen en nuestras vidas ilusas las apariencias que ofrecen la vida de los famosos en la formación de nuestra personalidad, que no hay nada inocuo en esas vidas ajenas que son noticias por todo y por nada, y que llevan una carga de intencionalidad que obedece a intereses determinados. Sanz combina el testimonio histórico con el análisis que propone el libro: concluir que los años del destape es la punta del iceberg que oculta la degradación del deseo sexual como sometimiento machista.

Daniela Astor y la caja negra es una narración amena e hipnótica, donde se conjuga la ficción con el documental, como si fueran dos estratos de la misma historia, una estructura atrevida que añade originalidad a la novela; una historia que habla de mujeres, pero en un escenario de dominio del hombre que transita por una metamorfosis política de innegables consecuencias.


Marta Sanz abre una herida no cicatrizada de nuestro reciente pasado con este libro lleno de crítica, violencia y ternura, que destaca por su gran desparpajo y brillantez. Un relato sugerente, original y revelador, que contrapone lo público y lo personal. Daniela Astor y la caja negra encaja perfectamente en esa literatura de emergencia que lleva un trasfondo de denuncia y ajuste de cuentas.

Tengo la sensación de haber leído una novela con fuerte hálito feminista, muy meritoria y oportuna en estos tiempos de retrocesos sociales, que desvela la importancia que tiene en la vida la memoria del cuerpo.