domingo, 23 de marzo de 2014

Un microcosmo palpitante


Es una experiencia excitante e inolvidable la que se produce con determinados hallazgos literarios en las librerías que frecuentas. Uno, que es asiduo de estos santuarios y conoce los recovecos y secretos de sus anaqueles, sabe que el rastreo es el único modo de dar con ese libro sorpresa capaz de calmar nuestra insaciable curiosidad. La última de estas sorpresas me sucedió recientemente cuando me tropecé, por puro azar, con la novela Del color de la leche. El libro estaba en el suelo de la mesa de novedades y lo recogí para no pisarlo. Empecé a hojearlo al tiempo que me venía a la memoria unas palabras de Virginia Woolf que decía: el único consejo sobre la lectura que puede dar una persona a otra es que no acepte consejos, que siga sus propios instintos, que use su propia razón, que saque sus propias conclusiones... Este pensamiento, sabio y oportuno, sumado al de la prologuista del libro, la joven escritora mexicana Valeria Luiselli (tan sincero y persuasivo como el de la memorable escritora londinense ) que afirma que hay ciertos libros -muy pocos- que nos dejan con la sensación de haber tocado un fondo del cual no podemos y no queremos salir siendo el mismo lector..., fueron razones convincentes que me animaron a llevarme el libro que sostenía con mimo entre mis manos.

Del color de la leche es una novela hermosa y sobrecogedora, escrita por Nell Leyshon (Glastonbury, Inglaterra), una dramaturga muy reputada, con muchos premios en su haber y desconocida en nuestro país. La apuesta que el sello Sexto Piso ha llevado a cabo con la publicación de esta novela breve ha sido, sin ningún género de dudas, un acontecimiento literario muy celebrado y destacado por lectores y reseñistas.

La escritora británica narra la historia de una adolescente de 15 años, Mary, en un tiempo que se remonta al año 1830, una época, tan difícil como opresiva, donde la mujer tenía que someterse ciegamente al patriarcado dominante de aquella sociedad atávica de la Inglaterra rural. La narradora y protagonista de la historia advierte al lector que lo que va a leer es el libro escrito por sus propias manos. Esta narración en primera persona, a modo de un diario, se sucede entre la primavera de 1830 hasta la siguiente de 1831, y nos cuenta la vida que lleva Mary en su pequeña granja familiar hasta su traslado inesperado a la casa del vicario para trabajar como criada y cuidadora de su mujer que está muy enferma. Lo significativo del relato es el estilo sencillo y sincero de la escritura desplegada por la narradora, sin artificios, tan natural como cruda, donde incluso la protagonista no disimula sus carencias y no le importa no distinguir entre mayúsculas y minúsculas.

Nell Leyshon ha escrito una novela magnífica que no deja indiferente al lector y que atesora la voz narrativa de Mary, una joven tan eficiente como inocente, que acaba de aprender a escribir y que nos va a revelar en 174 páginas el transcurrir de su vida en el último año. La emoción del relato es contagiosa para el lector. La escritora británica ha sido capaz de elegir un tono narrativo verosimil, metiéndose en la cabeza de una granjera de apenas quince años que cuenta sus quehaceres diarios, sin cortapisas, de manera primitiva y llana, acorde con las normas de vida que rigen la vida de los campesinos de la Inglaterra decimonónica. El lenguaje utilizado en la novela por sí mismo es un personaje y, por tanto, el logro más destacable de la obra de Leyshon. La protagonista escribe como habla, directa al grano, despachándose a golpe de sentimientos. Dice lo que piensa y contesta con el corazón del candor de su inocencia y eso la hace acreedora de las simpatías de quienes le rodean. Mary recrea un universo hostil y frío que aparece y desaparece al compás de las estaciones tan presentes en la vida del campo.

Nell Leyshon

Del color de la leche es una narración lírica que atrapa por esa voz clara y potente de la joven Mary que solo sabe mirar de frente, capaz de conmovernos por la adversidad de su situación o por las lamentaciones que refiere, como: A veces tener memoria es una buena cosa, porque ahí está la historia de tu vida y sin ella no habría nada, pero otras veces tu memoria guarda cosas que preferirías no volver a saber nunca y, por mucho que intentes quitártelas de la cabeza, siempre vuelven (Pág. 140). Un libro delicioso y emocionante, con un final desgarrador y sorprendente.

Nell Leyshon ha sido capaz de construir un personaje con una voz memorable, tan poderosa como seductora, que te impide dejar de leer el libro hasta rendirte al párrafo final.

En resumen: Del color de la leche es un relato de límpida naturalidad, a pesar del entorno cruel y miserable en el que se desarrolla, escrito con maestría y solvencia narrativa, que logra envolver al lector en un microcosmo palpitante de literatura con sabor a clásica, esa que, al final, deja al lector con la sensación de salir trastornado de sus páginas.