sábado, 30 de mayo de 2015

Existir es resistir

Parece obvio: si algo distingue a la especie humana es la capacidad de contrastar, de proyectar, de crear, es decir, su capacidad de aprender. Pero, a veces, las cosas más sencillas son las más difíciles y las que más se olvidan inexplicablemente. En cambio, nuestro mundo permanente y acelerado, envuelto en un papanatismo galopante, da pie a plantearse, si ejercemos como individuos y como grupo social, todo el potencial de posibilidades que nos ofrece nuestra inteligencia. Está claro que andamos perdidos y que, muchas veces, no sabemos qué hacer con nuestra capacidad de decidir. Hay ocasiones en las que mutilamos, acallamos, guardamos esa facultad para mejor ocasión. Todo lo cual, sin duda, es una muestra de la falta de sentido crítico, nunca reconocido, de nuestra orgullosa civilización tecnico-científica. Queremos pasar de situaciones indeseables y no asumimos que existir es en parte resistir.

Con estos planteamientos y con la idea de que la realidad desgasta y que todo es difícil que transcurra de forma plena, Josep María Esquirol (Sant Joan de Mediona, Barcelona, 1962) aborda en su último libro un discurso filosófico basado en la experiencia personal de la resistencia como fuente de indagación y superación en la vida cotidiana de cada uno. Durante buena parte del día vivimos como si estuviéramos programados: nos levantamos, hacemos cosas repetitivas porque se las hemos visto hacer a los demás, porque nos las enseñaron así, porque eso es lo que se espera de nosotros. No hay tantos momentos conscientes en el día a día, pero, de vez en cuando, algo ocurre e interrumpe ese estado de somnolencia y nos obliga a pensar y a poner freno a ese automatismo cotidiano.

La resistencia íntima (Acantilado, 2015) es un libro pensado para eso, para apreciar lo simple y lo llano que significa el transcurrir de nuestras vidas como contrapunto a lo extraordinario y sublime, porque en lo cotidiano hay una riqueza a nuestro alcance que no puede menospreciarse. En este luminoso ensayo, el profesor Esquirol insiste en que hay desmesura en catalogar a la vida como un proyecto y realización personal en busca del éxito. Frente a esto, propone reivindicar la profundidad del gesto cotidiano. En lo cotidiano hay mucha sedimentación –subraya– hay una riqueza absoluta y extraordinaria. El filósofo barcelonés siembra ideas y desmenuza conceptos sencillos, con un lenguaje al alcance del lector común, para situarlo en la materia filosófica de las pequeñas cosas que aparentemente parecen superficiales, pero que encierran una profunda reflexión sobre la sencillez de la cotidianidad, una realidad llena de lecturas donde guarecerse y gratificarse. Se habla del valor de volver a casa al amparo y refugio del hogar como idea de franqueza y de protección del exterior, de esa ingrata desubicación que tanto nos acucia. Estamos a la intemperie, es difícil vivir y necesitamos protegernos, cuidarnos. En ese retorno a la sencillez, el autor nos alumbra para indicarnos que la vida no es solo expansión, sino también refugio. Además, el texto está lleno de síntesis que inciden en la dificultad que le supone al hombre vivir la vida, que no es un mal, sino una realidad que hay que afrontar, algo inherente a todo ser vivo. El hombre, por tanto, no es ajeno a esta traba impuesta por la Naturaleza.

La resistencia íntima contiene un diálogo intenso y lúcido con el pensamiento contemporáneo sobre el sentido de la vida desde el microscopio personal del quehacer diario del hombre, un ensayo profundo y ambicioso, escrito con una prosa clara, sobre la sencillez de nuestra existencia, que no es más que permanecer en el cuidado de la proximidad, esa filosofía que presta su atención a lo próximo, la casa, lo cotidiano, cuando se afrontan momentos difíciles, con la sabiduría de la gente sencilla que sabe que se hace lo que se puede, y eso tiene su mérito.

Josep María Esquirol ha escrito un hermoso y brillante elogio de la sencillez que arranca con la imagen en torno a la mesa donde los comensales se reúnen en el hogar para compartir el alimento diario y continúa con argumentos poderosos para no caer en el nihilismo o en la disgregación y cuestionar el azote imperioso de la actualidad aciaga. Emulando a una célebre cita de Michel de Foucault, leer este libro es, sin duda, una experiencia de la que se sale transformado.