martes, 26 de abril de 2016

Rutas y desafíos

A pesar de mis considerables lagunas literarias, de todos los libros de relatos que se han publicado en lo que va de siglo en el ámbito nacional, tengo la impresión de que en estos años se han editado bastantes de gran calidad, con piezas excelentes en muchos de ellos. Esta incesante producción viene a confirmar el buen momento que atraviesa el género breve en el panorama español, debido a distintos factores, entre los que conviene destacar los siguientes: una nómina amplia de autores de diferentes generaciones asidua al cuento, editoriales entusiastas e impulsoras de la narrativa corta, certámenes de referencia nacional cada vez mejor dotados en premios, talleres de creación literaria y, sobre todo, lectores apasionados que muestran cada vez mayor entrega al potencial narrativo que ofrece este modo de contar historias.

Un buen ejemplo de ese elenco de artistas y referente indiscutible del cuento español actual es Oscar Esquivias (Burgos, 1972), ganador del Premio Setenil en 2008 con los cuentos La marca de Creta y ganador del Premio La Tormenta en un vaso, tres años después, con sus relatos Pampanitos verdes. El escritor castellano-leonés posee esa habilidad técnica y ese caudal inventivo para componer con eficacia las historias de sus cuentos, esos espejos de la vida –como decía Ribeyro– pero también del mundo real e imaginario.

Andarás perdido por el mundo (Ediciones del Viento, 2016) es su último trabajo narrativo publicado, catorce cuentos recopilados escritos en años anteriores, nacidos por encargo para revistas, editoriales o aportaciones colectivas de escritores, que vienen a consolidar su trayectoria en este género que tanto le apasiona. Bajo el portal de un título bíblico, Esquivias propone al lector un viaje por puntos dispares del mundo para acompañar a sus personajes, seres desubicados que andan sin brújula por la vida en busca de un destino. En estas historias, cada uno de ellos camina a su aire por escenarios dispares: Burgos, Florencia, Madrid, Moscú, Santa Mónica, Dakar, Londres o París. Si en el Génesis Caín sufre la condena divina de andar errante por la tierra después de su tropelía, los protagonistas de estos relatos no vienen marcados por ninguna conducta errática, sino que son niños, adolescentes y jóvenes normales, en su mayoría, que afrontan los destinos de sus vidas lejos de sus orígenes familiares o en entornos equidistantes, ya sea en el barrio burgalés de Gamonal, en la periferia de Ciudad de México, en una colina de Estambul, en el distrito madrileño de Cuatro Caminos, en la Vía Garibaldi de Turín o en los alrededores de la Sorbona de París.

Los cuentos reunidos en este libro afloran desde la memoria y la experiencia de los personajes que los conforman con voces surgidas desde la niñez y la adolescencia, dos etapas propias de tropiezos y origen de aventuras para perderse por los márgenes establecidos por los adultos. En Todo un mundo lejano, uno de los mejores relatos, el narrador testigo nos cuenta el devenir de un amigo que se debate entre su vocación religiosa y su incipiente homosexualidad; en La Florida, un cuento dedicado por el autor a un tío suyo que se llevó toda una vida en un psiquiátrico, un niño pone su mirada inocente sobre la vida incierta de un adulto desquiciado que para él no deja de ser alguien extraordinario; en El chino de Cuatroca hay un guiño al relato picaresco, en el que la máscara de la vida pone a prueba a un adolescente ecuatoriano de rasgos chinos que lucha por sobrevivir entre emigrantes; La última víctima de Trafalgar, el relato más extenso, está escrito en tercera persona y es una evocación disparatada e inmersa en el pasado histórico que, además, comparte algún personaje dickensiano; La casa de las mimosas es otro de los destacados, un cuento ambientado en el mundo del cine con presencia de Greta Garbo. La música gravita sobre la mayoría de estos cuentos como hilo conductor y, en el último de ellos, El arpa eólica, el más fantástico y romántico de toda la colección, el joven Berlioz, músico en ciernes y estudiante de medicina, se ve obligado a visitar cementerios en busca de cadáveres para subsistir.

En Andarás perdido por el mundo nos vamos a encontrar con la realidad más inmediata y cotidiana de diferentes personajes, unidos por el desarraigo de sus vidas, desorientados, que no viven su existencia como una tragedia, sino como un destino, y que están dispuestos a jugársela, a perderse también por los obstáculos propios de otros congéneres extraños e insanos que se les interponen en su camino.


Esquivias, con su eficacia literaria de narrador realista, que conjuga la observación al detalle, valiéndose de una prosa pulida y concisa, se las arregla muy bien para encontrar en esa realidad sencilla e, incluso, menesterosa de sus cuentos, voces distintas, tonos, temas e invenciones, el jugo necesario para que sus historias tengan a su vez ese matiz preciso para atraparnos con cierto estupor y extrañeza por las rutas insólitas de este sorprendente libro.