En verdad, la inventiva de su escritura, o mejor dicho, de su artificio literario, se aleja del germen de la falsedad y de la impostura manida de que los libros sirven para explicar la vida. Para él, las vidas ajenas no se rigen por las reglas que supuestamente las reflejan, ni tampoco se alejan de los materiales con los que se edifica la ficción. Y por eso mismo, sus relatos no aspiran a comprender mejor lo que acontece en la realidad a ojos vista. Sus cuentos responden al llamado de que la literatura solo ayuda a comprender la literatura, y no siempre de manera satisfactoria, aunque, eso sí, acercándose a lo insólito como una suerte de pasadizo sutil, tenebroso e inquietante del mundo de lo fantástico que toma medida a lo inexplicable de las cosas.
Prueba de todo esto lo hemos podido ver en anteriores libros suyos de cuentos y microrrelatos como Los dichos de un necio (1996), Horrores cotidianos (2007), Distorsiones (2010), con el que obtuvo el Premio Setenil al mejor libro de cuentos del año, Bienvenidos a Incaland (2014) o Invasión (2018). En todos ellos, se pone en alza las posibilidades de la razón frente a lo inaudito dándole otro apretón de tuercas. Ahora, en Territorios, ese giro de tuerca campa a sus anchas, más si cabe, trasladando lo fabuloso y lo grotesco al entorno rural, por medio de siete cuentos breves e inquietantes que funden el paisaje rural de campos de centeno, de bosques, de huertos y pueblos vacíos, más que como decorado, como impulsores de lo inusitado.
David Roas construye sus coordenadas narrativas mediante un registro híbrido que funde lo cotidiano con lo siniestro, lo humorístico con lo grotesco, creando una tensión constante entre la normalidad aparente y la irrupción de lo extraordinario. Recurre al paisaje como generador de lo no acostumbrado, atrapando a sus personajes, especialmente si son de fuera, con pretensiones de zamarrearlos ante lo extravagante. El subtítulo que aparece en el interior del mismo, Apuntes sobre Agrohorror, responde, a su vez, a una declaración de intenciones para destacar que el libro, además de ficción, tiene mucho de mapa de posibilidades narrativas fuera de lo normal.
Roas, sencillamente, atrapa, no solo por lo extraño que cuenta, sino por lo que es capaz de anclar en un espacio geográfico y social concreto, convirtiendo el paisaje rural en un personaje más, cargado de memoria, de sentido y de posibilidades narrativas que se apartan de lo conocido. En Territorios no hay encontronazos con lo desconocido, lo que sobresale es, sobre todo, su magia lúdica e irónica, acompañada de un fuerte lazo intertextual de apariencias y de conjuros.


MIl gracias, Jimy!!!! Celebro que te haya gustado... y que lo compartas.
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