miércoles, 7 de octubre de 2026

Rendijas y pasadizos


Los libros de aforismos no tienen principio ni final claros. Se vuelve a ellos porque siempre admiten nuevas entradas que en lecturas anteriores se pasaron por alto. Los puntos de luz y los giros que ofrecen estas miniaturas aluden a su capacidad para abrir fisuras en el pensamiento y proponer pasadizos laterales para una nueva interpretación de la realidad. No es un género tajante, que cierra con una verdad, sino que invita a entrar por sus rendijas, a detenerse en lo no dicho y a caminar por sus aceras, a veces, de doble sentido, que un afanoso lector debe considerar. El aforismo trabaja con lo implícito, conviene no olvidarlo. Su brevedad deja márgenes, silencios y zonas de sombra para ello, con la sana intención de que el lector incorpore su propia experiencia, dudas o contradicciones. Esta matización y juego, entre lo que se dice y lo que no se dice, conforma en definitiva su esencia, acervo y finalidad.

Diría que en la última entrega de aforismos de Benito Romero (Santa Cruz de Tenerife, 1983), bajo el título de Luminiscencias (Libros del Aire, 2026) encontramos muchos de estos pasadizos, vislumbres y rendijas que apuntan a esa idea de certeras iluminaciones propias de estas incursiones literarias, coherentes con su economía verbal y con la tradición de lo breve como forma y sentido de un género tan propicio a ser cautivo de las paradojas que la vida nos ofrece, de incitarnos a la reflexión, a lo controvertido del al conocimiento. Romero, además, es un autor que añade matices singulares en sus creaciones aforísticas que le permiten un rastreo constante de sentido y de reflejos que relacionan pensamiento y lenguaje.

Al igual que pudimos comprobar en Una galaxia imperfecta (2022) y en Desajustes (2020), al autor canario le importa mucho continuar por esa misma senda estructural de organizar sus aforismos bajo un índice que se repite también en Luminiscencias. En esta ocasión incorpora un apartado más, titulado Personas, en el que reúne un puñado de instantáneas, que muestran lo que tienen en común determinas personas de variados pareceres: personas decadentes, ocupadas, sensibles, insatisfechas consigo mismas, narcisistas, de toda índole, como estas que así quedan trazadas: Algunas personas perfeccionan tanto su fracaso que terminan por convertirlo en su mayor logro; Las personas equilibradas rara vez logran adaptarse a su tiempo; La mayor contribución a la humanidad de no pocas personas ha sido no dejar discípulos.

En las otras partes del libro, me refiero a Trayecto, Territorio, Gavetas, Impresiones y Escombros, se concentran más de cuatrocientos miniaturas encariñadas con lo cotidiano en las que se aúnan la levedad y la ironía con la desnudez del pensamiento y el discurrir de la vida de un yo consciente de sus vicisitudes existenciales, protagonista de cuanto siente y piensa. Son aforismos, apuntes, definiciones y greguerías, o definiciones ordenadas alfabéticamente a modo de minidiccionario, como recoge en la cuarta sección del libro, titulada Gavetas, que quiere hacerse presente, aunque apenas sea mediante modestos destellos de discernimiento, como vemos en estos ejemplos: «Arrogancia». Estrafalario palacio en el que no funciona ningún electrodoméstico; «Desengaño». Aura del conocimiento; «Pregunta». Cúter con el que abrimos la caja de los problemas.

Lo cotidiano tiene mucha cabida en la aforística de Romero, más que para describirlo, para descorrer su trastienda existencial y mostrar detalles, vicisitudes y carencias: Las imperfecciones de la realidad sirven para mantener a raya a los sistemas filosóficos; Sin curvas, el camino carece de sustancia; Antes tragábamos con todo lo de entonces; hoy, con todo lo de ahora. También en otros aforismos aparece una simple anécdota que suele ocultar mucho más que lo que aparenta, incluso, una perspectiva casual puede derivar en centella universal prometedora, como es el caso de estos: Mientras sigan existiendo las floristerías, habrá margen para la esperanza; La mejor manera de pasar inadvertido es fingir que te diriges a alguna parte; Ciertos afortunados logran que la soledad no sea un estrecho pasillo, sino una amplia avenida.


Luminiscencias es, en pocas palabras, un libro para leer con placer, que ofrece un repertorio minimalista e intuitivo, preciso y lleno de sutilezas e ingenio. Organizado en bloques temáticos, el volumen perfila a un autor inconfundible, de imaginación desbordante y un desparpajo que no rehúye de la ironía. Romero afila la mirada sobre lo cotidiano y sus perplejidades, y deja, a modo de corolario, un surtidero de enunciados y entredichos que abre rendijas y pasadizos hacia lo que somos, hacia lo que nos va y nos viene. Mucho más de lo que parece.

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