domingo, 28 de julio de 2013

El tiempo asumido


Gioconda Belli (Managua, 1948) ocupa, por méritos propios, un lugar visible en la poesía de Nicaragua, a la altura de los consagrados poetas nacionales como Rubén Darío, Ernesto Cardenal o Carlos Martínez Rivas. Su poesía, inmediata, única, inconfundible, goza además del carácter revolucionario de la mujer nicaragüense, nos seduce y nos lleva a vivirla y a sentirla como propia. Hace más de una década quedé embelesado con la lectura de su poemario El ojo de la mujer, un libro sutil de mirada femenina, tan sincero como vital.

Su última producción poética reunida en el libro En la avanzada juventud (Edit. Visor), una antología que marca un punto de inflexión en su trayectoria literaria de Gioconda Belli es otra celebración de la vida. La poesía de Belli es un compendio de aprendizaje vital, lleno de esperanza. Una mujer que, en su juventud, militó en la revolución sandinista de Nicaragua, ahora, en su "avanzada juventud", tampoco se rinde, a pesar de las decepciones de un gobierno descreído de democracia e instalado en una dictadura revestida de populismo.

Dice la escritora que:"la poesía tiene que ser como un puño cerrado... el idioma es un arte, no es nada más saber que querés decir algo, sino que tenés que convertirte en un orfebre de tu lengua y tenés que conocerla y trabajar como un artesano trabaja la madera". Con estos ingredientes añadidos, la poesía de Belli es más vitalista que racional o intelectual, llena de emotividad. Hablamos de una poeta que es activa militante de la causa feminista, que provoca con el verso y pide explicaciones en sus poemas. Temas, como la felicidad conyugal, la lucha diaria por mantener viva la llama de la pareja y las contradicciones que produce el impulso de la juventud, se expande entre los 45 poemas que aglutina este libro. En la avanzada juventud, Gioconda Belli, a sus sesenta años ya cumplidos, empieza a hablar de que a las mujeres se las mira menos, pero lo cuenta serenamente, con sosiego, porque el paso del tiempo es un aliado, más que un enemigo.

Nos entregamos a la marea de los hombres
a sus crestas rompientes
llevándonos y trayéndonos
sobre el amplio oleaje de la vida […/...]

Pero ellos
con tifones y maremotos
dislocan el sitial de nuestras piernas
tornados siembran en nuestros pulmones...
(Despecho femenino)

Su poesía revela el asombro, el gozo y la frescura de lo vivido y expresado por primera vez. Representa una nueva conciencia gozosa de ser mujer, y no solo de serlo, sino también de saber cómo y en qué lo es y, sobre todo, por su misma condición de poeta, el gozo de anunciarlo.

En la noche profunda
el ojo de mi vientre te mira con lujuria
Mujer que soy
mujer que me he hecho yo misma
martillándome la carne
esculpiéndome como si en vez de sangre
fuera mármol lo que corriera por mis venas
Yo mujer con las letras bien puestas
desnuda y vulnerable
sin afeites, ni ritos
sin tacones, sin ningún artificio
limpia y brillante
como un pedazo de luna o de marea
pongo en mis pupilas la densa miel
que mis poros cosechan
y te llamo quietamente

no dejes de adivinarme.
(Telepatía)

Lo distintivo de Belli es que su poesía es, simplemente, una expresión de su vida vivida tal como ella la vive. Un juego constante de tiempo y eternidad, porque lo que eterniza, como en este poema, es precisamente su tiempo. Leer su poesía resulta, por eso, una manera de contemplar y, hasta quizás, de participar en algunos momentos de su vida. Al lector le transmite una sensación de apaciguamiento y de gozo colmado.

Nos encontramos ante una poesía hondamente fresca, inmediata, genuina e inconfundible, llena de amor y erotismo. En la avanzada juventud, Gioconda Belli explora el paso del tiempo, pero con optimismo y serenidad, con el orgullo de ser mujer, con la maestría del verso seductor que conquista. Una antología gozosa de vida en la estela del tiempo y la memoria.