martes, 30 de julio de 2013

Lo contrario de un mamotreto


El sello editorial Renacimiento tiene de bueno, además de Abelardo Linares, su alma mater, la apuesta por la publicación de colecciones singulares, como por ejemplo: Espuela de Plata, Los cuatro vientos o la Biblioteca de la memoria. Inaugurada en 1977, continúa viviente y apostando por nuevas iniciativas para ampliar su oferta editorial. En este camino y, bajo la dirección del escritor Manuel Neila, nació en el año 2010 la colección A la mínima, un proyecto para acoger distintos textos de aforismos escritos por autores de antes y de ahora.

Acabo de leer, con la parsimonia debida, una de estas propuestas del catálogo en marcha de esta interesante colección, editada en el año 2012. Me refiero a La vida ondulante, un texto sobresaliente de aforismos de Ramón Eder (Lumbier, 1952), mi autor predilecto en estos menesteres. Si El cuaderno francés fue un hallazgo memorable, dos libros, anteriormente publicados: Hablando en plata, en 2001 e Ironías, en 2007, y una nueva sección, inédita hasta el momento, Pompas de jabón, conforman el volumen La vida ondulante que se ubica en la misma dimensión: un compendio del pensamiento breve, desbordante de humor, ironía y frases felices. Un juego revelador de sabiduría lapidaria.

El escritor navarro ha manifestado en más de una ocasión que el aforismo empieza a renacer, a pesar de que durante años fue un género muy marginal y minoritario. Sostiene Eder que el resurgir obedece a que “los géneros breves se prestan mucho a estos tiempos de prisa y rapidez. Y también a la búsqueda de la intensidad frente a los grandes discursos. Ahí está Twitter o los blogs, que se prestan a los textos breves”.

Bergamín decía que “un aforismo más que cierto o incierto, debe ser certero”. De esta creencia nace el material literario que despliega Eder en La vida ondulante. Ramón Eder es un escritor de aforismos certero, poseedor de un discurso natural hacia la condensación verbal. El presente volumen es todo un breviario filosófico, de largo alcance, donde el pamplonés se desenvuelve con el oficio cuidadoso de un orfebre del lenguaje. Todo en él es justo y conciso, aunque a veces le de la vuelta a la tortilla y resulte contradictorio. De esta escritura fragmentaria, llena de amenidad e ironía, emana una racionalidad fulminante, como muestran estos textos seleccionados:

Un político es un ciudadano menos.

Todo rey parece bueno en el exilio.

Contradecirse es la única manera de no tener ideas fijas.

El aforismo es un género literario que no gusta a los lectores pasivos.

Los libros cuando son malos son muy caros, y cuando son buenos son una ganga.

Somos inmortales todos los días de nuestra vida, excepto uno.

Cada día es una odisea y cada noche una ilíada.

Dormir bien es tener solucionado un tercio de la vida.

A las personas que tienen dos caras hay que mirarlas de perfil.

Esto y mucho más encierra la miniatura literaria de Ramón Eder, un grande del pensamiento breve actual. La vida ondulante es un texto pequeño, lo contrario de un mamotreto, pero denso, profundo como un pozo, desde donde podemos aliviar nuestra sed. Abrirlo por cualquiera de sus páginas es un regalo inagotable, rebosante de vida.