viernes, 3 de abril de 2015

El misterio de escribir


Las historias de misterio son las más paradójicas de todas las formas literarias populares. La novela de suspense gira en torno a un asesinato, a menudo ejecutado de manera terrorífica y violenta, y aun así las leemos mayormente porque nos entretienen y nos reconfortan de los problemas y las propias agitaciones de la vida cotidiana. Su razón de ser no es más que establecer la verdad, aunque se recree en el engaño: el asesino trata de burlar al detective; el escritor se propone engañar al lector, hacerle creer que los culpables son inocentes y los inocentes sospechosos; y cuanto mejor es el engaño, más eficaz es el libro. Dicho esto, ¿cómo se escribe una novela de misterio?

Es imposible explicar cómo se escribe un buen libro, es decir, un libro que sea ameno –afirma Patricia Highsmith–. Pero esto es lo que hace que la profesión de escritor sea animada y apasionante: la constante posibilidad de fracasar”. Con esta declaración rotunda, la escritora estadounidense (Texas, 1921 – Locarno, 1995) trata de poner claro al lector que el oficio de escribir es arduo y complejo, que no existe ningún secreto para alcanzar la gloria escribiendo, salvo la individualidad del escritor o, como subraya ella misma, la propia personalidad del autor.

El sello Círculo de Tiza rescata Suspense (Plotting and Writing Suspense Fiction), una obra publicada en 1966, donde la autora de Extraños en un tren muestra los entresijos del proceso de creación de una novela de intriga, con la advertencia meridiana para el lector de que este libro no pretende ser un manual de instrucciones, sino que va por la onda del ensayo y la reflexión personal sobre el arte de escribir ficción de una de las escritoras más grande de la novela negra. A lo largo de sus páginas nos muestra sus obervaciones y recomendaciones, nos enseña su cocina literaria y expone los ingredientes utilizados en la elaboración narrativa, extraídos de sus propios logros y fracasos.

Para esta escritora sesuda y meticulosa, todos los libros de suspense encierran un secreto que el lector debe descubrir: la conclusión de la historia, algo sobre lo que ya había insistido anteriormente E.M. Forster en su libro Aspectos de la novela (1927). Quizá, en este caso, el británico sea más genérico, pero igual de afinado cuando habla del arma del suspense: “a todos nosotros nos pasa como al marido de Sherezade: queremos saber lo que ocurre después. Esto es universal, y es la razón por la que el hilo conductor de una novela ha de ser una historia”.

Lo que encontramos en el interior de Suspense es toda una reflexión sobre la narrativa de misterio, una oportunidad de conocer la médula ósea de esta artista de la intriga y la novela negra a través de su universo literario y de sus convicciones sobre el proceso creativo de la ficción. Patricia Higsmith disecciona los secretos de su oficio, cultivado a lo largo de su carrera, y desvela el modus operandi del que se vale para montar una historia, sin pretender adoctrinar al intrépido que desee probar suerte a escribir un relato, porque “es imposible explicar cómo se escribe un buen libro...” De este libro me gusta cuando la autora confiesa que escribir es un juego y, como todo el mundo sabe (así lo da por hecho la escritora tejana) es necesario que en ningún momento su ejercicio deje de divertir a quien lo lleve a cabo, porque, si no lo hace, cómo se las apañará el escritor para hacerlo con los editores y los lectores.

Suspense es un libro entretenido y sorprendente para lectores curiosos pero, sobre todo, es una buena guía, una especie de brújula para no perder el norte a la hora de escribir una novela o, al menos, como indica su autora en el prólogo, “que ayude a los que deseen escribir a percatarse de lo que ya llevan dentro de sí”. No olvidemos, nos viene a recordar familiarmente la americana, que los artistas han existido y persistido desde mucho antes de que la humanidad soñara con organizar la vida de sus congéneres.