martes, 3 de noviembre de 2026

Leer para vivir


La vida admite muchas lecturas. Es algo que todos sabemos, aunque no siempre nos detengamos a descubrir hasta qué punto. Los libros nos invitan precisamente a esa tarea, a mirar de otro modo, a ensanchar nuestra experiencia y a descubrir cuánto permanece oculto bajo la apariencia cotidiana de las cosas. Un libro es, en cierto modo, un territorio del que el autor dispone para que el lector lo recorra. Pero también es un espacio abierto, sin fronteras definitivas, que cada cual puede habitar a su manera, y desde cualquier lugar. Nos acompaña en la mesa de trabajo, en el sillón o en la cama, en el autobús, en un banco de la plaza o en la quietud de un café. Siempre está ahí, dispuesto a ofrecernos una puerta de entrada a otros mundos y, al mismo tiempo, a una comprensión más profunda del nuestro.

Quien no lee, decía Ramón Eder, ignora lo que se pierde. La lectura engendra el deseo de seguir leyendo, abre nuevos caminos y alimenta una búsqueda que nunca termina. Porque para leer no se necesita tanto disponer de tiempo como sentir el deseo de hacerlo. Además, ningún libro revelará por sí solo el tesoro que guarda entre sus páginas. La lectura exige, ante todo, la voluntad de entrar en ella y dejarse llevar. Quizá por eso los libros constituyan uno de los regalos más generosos que podemos hacernos, nos ofrecen palabras para nombrar lo que sentimos, ideas para comprender lo que nos rodea y caminos para llegar adonde, por nosotros mismos, tal vez nunca hubiéranos llegado.

El libro que acaban de publicar Nazareth Castellanos (Madrid, 1977), licenciada en Física Teórica y doctora en Neurociencia por la Universidad Autónoma de Madrid, y Antonio Basanta, doctor en Literatura Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid, bajo el evocador título de Un regalo de los dioses (Siruela, 2026), constituye un hermoso canto a la lectura como acto de libertad y descubrimiento. Construido en forma de diálogo, el ensayo nos recuerda desde sus primeras páginas que «aprendemos a leer viviendo y escuchando lo que otros han leído», y reivindica el valor de esa herencia compartida por la que «la lectura de los demás se incorpora a la nuestra». Sus autores nos invitan así a descubrir que leer es mucho más que descifrar palabras o desentrañar el sentido de un texto: es interpretarlo, ponerlo en relación con nuestra experiencia y nuestros conocimientos, dejar que dialogue con lo que somos y permitir que transforme, aunque solo sea un poco, nuestra manera de mirar y comprender el mundo.

A medida que avanzamos en sus páginas, Castellanos y Basanta van desentrañando las múltiples dimensiones de la lectura para mostrarnos cómo, cuando esta nos acompaña, la vida cotidiana deja de ser únicamente aquello que nos sucede. A nuestro mundo se incorporan entonces otros horizontes, descubrimientos y emociones que acaso nunca habríamos imaginado experimentar. Porque leer es también tejer complicidades, entablar conversaciones silenciosas, compartir confidencias y secretos que solo las palabras saben desvelar. Es precisamente en ese encuentro, en ese diálogo íntimo entre quien escribe y quien lee, donde reside la verdadera riqueza de la lectura. Como apunta Nazareth Castellanos, «leer no es ver, es utilizar la visión para hablar».

El ensayo reúne, así, dos perspectivas complementarias: la de la neurociencia y la de la filología, dos disciplinas que, desde sus respectivos territorios, convergen en una misma convicción: leer es una de las experiencias que más profundamente contribuyen a transformarnos como seres humanos. De ahí que una de las ideas que vertebran el libro pueda resumirse en esta afirmación: «somos lectores porque somos humanos y somos humanos porque somos lectores». A partir de esta premisa, los autores exploran cómo la lectura interviene en nuestra propia biología, ensancha nuestra percepción y modifica nuestra manera de relacionarnos con los demás. El título del libro adquiere entonces todo su significado: la escritura y la lectura constituyen un regalo extraordinario que la humanidad se ha hecho a sí misma, una herencia de palabras capaz de multiplicar nuestras vidas, ampliar nuestra panorámica y hacernos un poco más humanos.

Un regalo de los dioses es, sin duda, un hermoso título de resonancias mitológicas. Cuenta la tradición que Cadmo regaló a Harmonía, con motivo de su boda, las letras del alfabeto, un obsequio extraordinario que encierra una posibilidad casi mágica de combinar unos pocos signos para dar vida a infinitas palabras, historias y mundos para ensanchar nuestra mirada y transformar nuestra manera de pensar, imaginar y representar cuanto nos rodea y nos importa. Hoy cobra aún más sentido frente a una sociedad que parece empeñada en acelerar el ritmo de nuestras vidas, ajustar cada vez más el cronómetro y robarnos el tiempo necesario para detenernos, pensar y reflexionar.


Basanta y Nazareth firman un delicioso ensayo divulgativo, ameno y, al mismo tiempo, reivindicativo, que entrelaza conocimientos científicos con reflexiones filosóficas y literarias. Un regalo de los dioses invita a defender la lectura como una experiencia imprescindible y emancipadora mediante una conversación sugerente y jugosa convertida en memoria, observatorio y andanzas, y, sobre todo, una emotiva proclama de lo que supone leer, un verbo gigante, un infinitivo que conjuga la vida de cualquiera. Ya lo creo que sí.