martes, 9 de abril de 2013

Cine y Literatura





Tenía preparado hacer una nueva entrada en esta bitácora sobre la última novela leída, Premio Tusquets 2012, que he determinado posponer, movido por los últimos acontecimientos acaecidos en el cine español. Sara Montiel, icono sexual del espectáculo durante décadas, falleció ayer en su casa madrileña. En menos de una semana el cine español ha sufrido tres notables pérdidas: ayer dijo adiós la diva manchega, el sábado el director Bigas Luna y, anteriormente, otro colega de la realización y dirección, Jesús Franco.

Me he propuesto combinar un cóctel improvisado que contenga Literatura y Cine, pero con los aditivos alegóricos de los desaparecidos directores y la chispa de la diva del Campo de Criptana. Solo necesitaba que la mezcla tuviera un soporte de escritura enmarcado en una novela corta y sugerente. Para esta aventura he acudido a uno de mis escritores favoritos americanos: Philip Roth. La novela escogida para la experimentación, El Pecho.

La novela referida es además la última que he leído de Roth, un relato que parece beber con intensidad del mundo kafkiano de La Metamorfosis. Una pesadilla envuelta en el universo obsesivo sexual que el propio autor despliega en muchas de sus obras. Es una creación de resonancia alegórica, donde la transformación del peculiar profesor David Kepesh en un gigantesco pecho provoca situaciones tan kafkianas como surrealistas. Se sustenta en una reflexión lúcida sobre la complejidad de nuestra sexualidad y de las relaciones interpersonales.

Obra divertida y sorprendente, para culminar en la sátira de la broma y la lástima, y que hoy se me ha ocurrido colgar en El Fescambre como testimonio y homenaje a estas figuras del espectáculo y la cultura desaparecidas, y también para reafirmar que si no hay nada que contar no hay nada que escribir y no hay nada que filmar. Estas premisas inequívocas son la base y sustancia de la buena literatura y del buen cine.