lunes, 1 de abril de 2013

¿Cuál es el valor de un momento?


Mi tío, El Requeté, que vivía con nosotros a finales de los años cincuenta, en el número ocho de la calle Palma, nos contagió de tuberculosis a los dos pequeños de la casa. Si no hubiera sido por las vacunas y las atenciones médicas recibidas por parte de Don Ramón Alcalá, el médico de mi familia, quizás mi hermanita y yo hubiéramos tenido un destino trágico. De modo que por aquel entonces la frecuencia de tantas visitas de los médicos los convirtieron en seres familiares, cercanos, capaces de aliviar con su sola presencia los males que nos aquejaban. La deuda que tengo con estos médicos de antaño son de admiración, respeto y agradecimiento. Hay libros publicados que glosan estas extraordinarias figuras.

He terminado la feliz lectura de Un hombre afortunado, la vida cotidiana de un médico rural inglés, de John Berger (Londres, 1926), publicado en Alfaguara. Un libro hermoso, que cuenta las tareas propias de un médico rural en una comunidad inglesa allá por el año 1967. Se trata del doctor John Sassall, un hombre sesudo y apasionado de su profesión. Berger va anotando en su cuaderno los comentarios y diálogos que se suceden con cada visita que el doctor va realizando a sus pacientes por toda la comarca. Es una narración reflexiva, acompañada de emotivas fotografías en blanco y negro que su compañero de viaje, Jean Mohr, va tomando del paisaje y de los rostros de Sassall y sus enfermos.

El escritor inglés se adentra en las tareas del médico con sus pacientes para plasmarnos los gestos, conversaciones y anécdotas del hombre entregado en cuerpo y alma a curarles. Berger dibuja cuidadosamente el retrato de John Sassall a través de su rica personalidad al cuidado de la salud de la comunidad. El dolor ajeno es tratado con alivio por el doctor, no solo con su pericia, sino con el bálsamo del diálogo entre médico y paciente. Para él no existe otro slogan que: “Curar a los otros para curarse a sí mismo”.

En su epílogo, fechado en 1999, Berger revela que no podía imaginar que un médico tan vitalista quince años después se suicidara: “Su muerte ha cambiado la historia de su vida. La ha hecho más interesante.”

Un libro testimonial que merece la pena leerse. Es un texto que conmueve e instruye y que a mí me ha devuelto la memoria de mi infancia, especialmente, el recuerdo de aquellos momentos vividos bajo el cuidado de los médicos.